Sintonización - I

Varios/Otros


Trabajando junto con los espíritus guía de nuestro instrumento, hemos creado las aperturas pertinentes para que ella viaje a los sitios sagrados clave del planeta con el fin de armonizarla, de implantar el códice, y para estimular aún más su memoria y conexión con aquellas civilizaciones en otras esferas de su experiencia, las cuales denominaremos otras «vidas».

Un alma antigua, Trydjya, ha deambulado por la Tierra durante milenios, originaria del sistema estelar de Sirio, de un tiempo cuando las tierras de Gaia eran un solo continente, conocido en las leyendas de vuestros antiguos nativos como la «isla Tortuga».

Su experiencia en Atlántida abarcó muchas generaciones. En la primera encarnación, Trydjya se desempeñó como sacerdotisa sanadora de la cueva de amatista, Guardiana de los Cristales. Le fue asignada la custodia de una de las trece calaveras de cristal que han aparecido y desaparecido en diversas etapas de vuestra evolución, pues constituyeron un legado para la humanidad con el fin de ser utilizadas en los puntos cruciales del avance de vuestra raza.

La segunda fue una vida traumática, cuando fue relegada al anonimato como supervisora de las esferas; esto también suponía trabajar con las frecuencias de los cristales.

Su última experiencia en la clase sacerdotal atlante ocurrió durante el tiempo final de esa cultura, cuando los mares de Gaia cubrieron la isla y la pusieron a reposar en el profundo abismo del océano, pues los desalmados avances tecnológicos de aquellos tiempos (los que, os recordamos, guardan un paralelo directo con este momento de vuestro adelanto tecnológico en el planeta Tierra) tenían a la humanidad jugando a Dios con la vida.

Atlántida fue verdaderamente la hora de cristal del potencial más grandioso de la humanidad, y floreció durante muchas generaciones, hasta que el aumento descontrolado de energía (el abuso de poder ejercido por la tecnología de los últimos días) alteró el equilibrio y todo se perdió. Fueron pocos los que sobrevivieron al gran cataclismo de la repugnancia de Gaia, tan intensa fue su ira, tan inmediata e implacable.

Aquellas almas de Adán, tanto los que sobrevivieron como los que perecieron, han resurgido en este tiempo para asegurarse de que la raza humana, semilla de su semilla, no reincida en el Error.
Vosotros, los que habéis acudido a nuestro mensaje, habéis empezado a recordar.

Trydjya ha experimentado innumerables vidas en la Tierra, sirviendo y ayudando en Lemuria, Egipto, Galilea, el Tíbet, Sumeria, las tierras de los mayas y en Mesopotamia, y ha vibrado en muchos niveles de dimensiones que aún están fuera del alcance de su conciencia y comprensión.

El conocimiento y la memoria de estas y otras vidas, tal como sucede con las vuestras, se encuentran en su ADN, y ella ahora las está recuperando, al igual que vosotros, pues a medida que os estáis recodificando para asimilar el tercer filamento, volvéis a vivir como un recuerdo los horizontes de vuestras numerosas encarnaciones en el reino de la Tierra. Esto está ocurriendo ahora para ayudaros a que extraigáis de vuestro subconsciente todas las capas de vuestro ser que, como catalizadores evolutivos, os han situado en este momento.

Toda vuestra experiencia es relevante y contribuye a que entendáis lo que sentís que necesitáis terminar en este momento de vuestro proceso, así como lo que habéis venido a aprender en la universidad de vuestra educación terrenal.

Aquí nos encontramos frente a un dilema, pues a la vez que os pedimos que aceptéis que no existe más tiempo que el momento presente, estamos intentando discutir la memoria de vidas pasadas.

* ¿Cómo podemos evitar que surja una fuerte sensación de contradicción en vosotros?

* ¿Y qué hay de las vidas futuras?

* Si os dijéramos que nosotros somos la voz de la proyección de vuestra conciencia colectiva que remonta las olas del mar cósmico, ¿podríais concebir un futuro que está manifestándose simultáneamente en otra dimensión, vuestra mente-alma evolucionada cuya voz regresa hasta vosotros a través de un instrumento que es vuestro contemporáneo, un ser físico que actualmente reside en la tercera dimensión junto con vosotros?

Sabemos que os presionamos, que os hacemos traspasar los límites de vuestras zonas de seguridad y, sin embargo, ése es el propósito de esta obra y de todas nuestras enseñanzas. En este punto crucial de vuestra evolución, tenéis que entender el funcionamiento fundamental del universo, desde los horizontes más remotos del macrocosmos hasta las partículas subatómicas infinitesimales de vuestro cuerpo, la matriz microscópica. Vosotros, los que estáis despertando, seréis convocados, pues pronto seréis necesarios para impartir la Sabiduría al prójimo.

Aquellos de vosotros que os sentís atraídos por los escritos de nuestro instrumento y de otros como ella, os convertiréis, por vuestra parte, en mensajeros de las verdades que habéis hecho vuestras, y aún habrá otros, pues el conocimiento es la luz de la Finísima Red.

En las profecías de vuestros pueblos indígenas, los guardianes de Gaia, el tiempo se acelera antes de llegar a su fin, y también lo hacen los individuos que se han sintonizado con la Madre. Tened confianza de que os encontráis donde tenéis que estar, como lo pretendisteis, en el momento presente de la gran evolución de vuestra Deidad Solar: en el todo-tiempo, en el no-tiempo, os movéis hacia el fin del tiempo y más allá de él, de una vez y para siempre.

Si bien tenemos la intención de que os abráis ante las posibilidades exhaustivas del contexto del «no-tiempo», entendemos nuestras limitaciones y encontramos que simplemente no podemos anular el tiempo lineal. Nuestras palabras llegan hasta vosotros a nivel intelectual, donde podéis admitir el concepto del «no-tiempo» como una realidad posible; sin embargo, al estar atrapados en el tiempo lineal, no tenéis un punto de referencia que os permita experimentarlo.

A no ser que os dediquéis a la disciplina de la meditación, mediante la cual os liberáis del mundo sensorial y practicáis llegar al samadhi (estado de éxtasis eterno), las ilusiones de vuestro pasado-presente-futuro sencillamente frustran vuestras capacidades intelectuales de percibir el todo-tiempo. Así como vosotros estáis atrapados, en cierto sentido también lo estamos nosotros, pues en todo aprendizaje hay un espacio recíproco de conocimiento y experiencia, y vuestro confinamiento en la tercera dimensión limita nuestros medios de expresión y nuestra capacidad de establecer ese punto de encuentro.

Os pedimos que lo tengáis presente mientras intentamos proporcionaros las claves del enigma del tiempo.

Cuando hablamos de vidas «pasadas» o civilizaciones «antiguas», en realidad describimos, desde nuestra perspectiva, todo un panorama de experiencias simultáneas. No es distinto cuando hablamos del «futuro» —el futuro de vuestra Deidad Solar, de Gaia y de cada ser que compone a esas entidades—, pues reiteramos que lo que percibís como una sucesión de vidas cronológicas y sucesos fijos nosotros lo reconocemos como conciencia que, simplemente, se manifiesta en diferentes coordenadas del continuo espacio-tiempo.

Examinemos, en términos matemáticos simplistas, vuestros propios datos científicos con respecto a las ilusiones del tiempo en relación con la velocidad de la luz. Considerad que a la velocidad que viaja la luz (300.000 kilómetros por segundo), la luz de vuestro Sol requiere aproximadamente ocho minutos para llegar a la Tierra. Dudamos que cualquier astrofísico digno de crédito refutara este cálculo elemental pues es esa clase de información que vuestra comunidad científica califica de «hecho».

Sin embargo, donde podéis encontrar resistencia de parte de algunos de los científicos más convencionales es en la controvertida teoría que se deriva de esa información: que dados los ocho minutos de tiempo de viaje necesarios para que esa luz llegue a la Tierra, en esencia, siempre estáis viendo al Sol como era en el pasado; un Sol tal como existió aproximadamente ocho minutos antes del momento en que efectivamente lo observáis (ocho minutos después).

Os parecerá extraño. Es muy posible que nunca hayáis pensado en la idea de que vuestro Sol manifiesta la luz en la Tierra con demora de tiempo, puesto que os baña en el momento presente de vuestro día. Podría decirse que dais por sentada la certeza de la presencia del Sol, pues parece ser una constante en vuestra vida, y la luz os rodea durante muchas de las horas en que estáis despiertos.

Veis que el Sol sale cuando os levantáis y que se pone al anochecer, en las horas crepusculares de vuestros días, y todo esto, aparentemente, ocurre en tiempo real, un término engañoso y mal interpretado que describe, en definitiva, el tiempo simultáneo. Sin embargo, la luz que alumbra a Gaia os llega ocho minutos después del momento en que emana desde la superficie del Sol. ¿Podéis imaginar las posibilidades que ofrece un intervalo de tiempo de ocho minutos desde el momento en que la luz del Sol se irradia desde su masa hasta que llega a vuestro planeta?

Eso quiere decir que, en caso de una explosión de magnitud devastadora en la superficie del Sol, la gente en la Tierra no lo sabría sino hasta después de transcurridos ocho minutos.

Los mayas eran conscientes de los ocho minutos de demora del viaje de la luz del Sol hasta Gaia, pues su civilización era muy inteligente y disfrutaba de la interacción directa con seres multidimensionales, quienes les dieron el conocimiento del funcionamiento cósmico del universo, el cual hemos descrito brevemente en términos de la física cuántica. Ellos entendían las ilusiones del tiempo lineal, el proceso de la muerte y el renacimiento, y la existencia de universos paralelos.

Las calaveras de cristal fueron muy utilizadas por esa civilización, situadas en sus observatorios astronómicos, pirámides y otras localizaciones estratégicas. Los grandes videntes mayas, Guardianes de los Cristales, estaban físicamente sintonizados con las calaveras y, por lo tanto, podían interpretar la condición del Sol y de todos los demás cuerpos celestes en tiempo real, pues el pensamiento, por otra parte, viaja instantáneamente. En esencia, las calaveras no sólo proporcionaban acceso a la galaxia mientras ésta se desplegaba momento a momento, sino que también liberaban al observador del tiempo lineal, de modo que estos mismos videntes podían mirar el futuro y el pasado de toda la experiencia en la Tierra y en los cielos.

El propósito del cristal en las civilizaciones antiguas y, específicamente, el misterioso funcionamiento de las calaveras de cristal es algo que vuestros científicos y arqueólogos no han acertado a comprender hasta el momento; sus encuentros con estos artefactos mágicos han resultado ser muy improductivos y siempre lo serán, pues se trata de algunos de los más sagrados objetos existentes.

Sólo los Guardianes designados tienen pleno acceso a ellos, si bien en raras ocasiones psíquicos con talento han podido descifrar algunos de los códigos de ingreso y obtener información. Se está descubriendo más en estos días, a medida que los pueblos nativos salen de su hibernación: han aguardado a que llegue este momento para hacerse oír. El Consejo de los Guardianes de Gaia ya se ha unido, y se está colocando en puestos de liderazgo por el bien de los hijos de la Tierra; ellos reunirán las trece calaveras en la fase secundaria de la curvatura del tiempo.

Esto, asimismo, se predijo en las enseñanzas de los antiguos y se transmitió por medio de la tradición oral, la visión psíquica y la intuición, y a través del contacto directo con seres estelares en diversos momentos de nuestra aparición en vuestra Tierra.

Volviendo ahora a los marcos lineales de tiempo y a nuestro estudio de la velocidad de la luz, debería ser obvio (dado el cálculo simple de la velocidad de la luz) que mientras más lejana sea la distancia física de un cuerpo celeste, mayor será la cantidad de tiempo necesario para que su luz llegue hasta vosotros. Los astrofísicos os enseñan que son tantos los millones de kilómetros que separan a la Tierra de las estrellas más brillantes en vuestros cielos nocturnos, que se necesitan años para que su luz llegue hasta vosotros.

Pensad en esa simple afirmación por un momento; digeridla y haced plenamente consciente esta clave:

Tantos millones de kilómetros separan a la Tierra de las estrellas más brillantes en vuestros cielos nocturnos, que se necesitan años para que su luz llegue hasta vosotros.

¿No os deja atónitos eso? Sin duda que cuando miráis la bóveda estrellada de vuestros cielos nocturnos, no tenéis en cuenta la posibilidad de que realmente estáis observando estrellas y cuerpos planetarios tal como existieron hace muchos años.

De modo que, a partir de esa hipótesis, es razonable pensar que cuando miráis a los cielos, estáis viendo muchas estrellas a millones de kilómetros de la Tierra que, a lo mejor, ya no existen en la realidad física. En el proceso de su evolución, posiblemente ya se han extinguido, han hecho explosión, o han pasado por sus propios cordones astrales en la transición de la muerte y el renacimiento.

Estamos sugiriendo que cuando vosotros miráis el firmamento es como si estuvieseis viendo a través de una máquina del tiempo. Lo que veis brillar en vuestros ojos y en los sofisticados telescopios de los astrónomos es la luz de estrellas, galaxias remotas, y el reflejo de cuerpos celestes tal como existieron hace cientos, miles, tal vez millones de años.

Así como vosotros miráis al pasado cada vez que vuestros ojos se encuentran con la luz de un cuerpo celeste en el espacio, igualmente lo hacen otros que contemplan las estrellas y que viven a cientos de años luz de la Tierra, y hay un sinnúmero de poblaciones de seres a lo largo del universo material que hacen otro tanto. Entonces, desde su perspectiva, ¿no estarían viendo vuestra realidad actual con un retraso de cientos de años?

Inventemos un planeta remoto al que llamaremos «Zargón», situado a tanta distancia de vuestro sistema solar que sus habitantes están mirando a la Tierra tal como era hace dos mil años, alrededor de la época en que el Cristo pasó a ocupar el centro del escenario en vuestro teatro evolutivo. Sin embargo, en vuestra realidad, aquí estáis vosotros, atravesando la era de la tecnología, a punto de sacar a todo el planeta completamente fuera de la tercera dimensión.

O bien podemos cambiar nuestro enfoque y proyectarnos al futuro, donde los zargonianos están observando a la Tierra contemporánea en 1999; entretanto, vuestro sistema solar entero ya ha pasado a su dimensión más elevada y Gaia ni siquiera existe en la realidad material.

Ahora, volviendo a nuestro primer ejemplo, imaginadlo todo desde nuestra perspectiva de seres multidimensionales que podemos observar conjuntamente a los zargonianos mientras miran a la Tierra en el tiempo cero del nacimiento del Cristo, y a la Tierra en los comienzos del siglo XXI; así tendréis una idea aún más clara de lo que queremos decir cuando nos referimos al «tiempo simultáneo». Intentamos mostraros cómo se distorsiona el tiempo en el universo material y, más aún, que el tiempo no es independiente del espacio.

Esto os queda claro sólo cuando os alejáis del punto de referencia tridimensional, y hacia allí os dirigís, amados, cuando nos referimos a vuestro paso por el agujero negro, por los cordones astrales del universo, hasta el próximo nivel de conciencia, a medida que todo un grupo de planetas, estrellas y seres celestes va en ascenso en conciencia.

Éste es el glorioso despliegue del Todo-lo-que-es, Que-siempre-ha-sido y Que-siempre-será, de lo cual toda la vida es un reflejo; un aspecto: desde una simple piedra en la orilla del río hasta la construcción mental más compleja y los grandes seres celestes de vuestro universo y aun más allá; no somos más que unidades conscientes del Uno. Experimentamos la pulsación de nuestras vibraciones mientras atraviesan el mar de la conciencia, a la vez que recibimos aquellas que pasan a través de nosotros: inhalando la vida, exhalando el amor, en un continuo sin tiempo, como las olas en los océanos.

Ésta es la maravilla de la existencia; es la Razón.



Extracto del libro: "El Cosmos de Alma".
Un despertar para la humanidad.
Capítulo IX - Sintonización
Patricia Cori.

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