Seres Infinitos y Energía Universal. II

Varios/Otros


Sentí verdaderamente durante mi ECM que todos estamos conectados a esta energía Universal; todos somos Uno con ella. Cada uno de nosotros tiene esta magnificente y mágica fuerza de la vida corriendo a través de cada una de las células. No es una entidad externa, sino más bien un estado de ser -un fenómeno interno. Está adentro, afuera y en todo lado. No importa a qué raza, religión, sistema de creencias o cultura pertenezcamos. Estamos conectados con ella simplemente porque estamos vivos -de hecho, somos esta corriente universal. No tenemos que hacer nada, o ser nada, o probar nada para tener acceso a ella. Todos somos seres magnificentes y poderosos y todos tenemos acceso a ella porque ella y nosotros somos uno y lo mismo.

Lo único que puede detenerme de ser consciente de esta energía es mi mente -o sea, mis pensamientos y creencias que limitan mi ser. El profundo soltar que mencioné anteriormente que me llevó a mi ECM, fue en realidad mi intelecto soltándose completamente, llevándose con él mis creencias que limitaban mi ser y permitiendo que la energía universal tomara el mando. Tan pronto mi mente dejó de ser un obstáculo, las puertas se abrieron. En lugar de pelear contra la naturaleza del universo con el fin de sanar, le permití al chi fluir, en sus propios términos.

Puede ser un poco difícil al principio distinguir qué nos está motivando. La diferencia es que la mente se dedica más a hacer y el alma a ser. El ser infinito es nuestra esencia. Es lo que en realidad somos, tal como lo describí en el último capítulo donde expliqué la importancia de ser amor. El intelecto es sólo una herramienta para navegar por esta vida. Él descubre cómo ganar suficiente dinero para nuestro sustento y para pagar la renta; mientras que el alma sólo desea expresarse a sí misma.

En el ser infinito es dónde están nuestros instintos e intuiciones. Si compramos una casa, la mente escoge las opciones del lugar apropiado, define el presupuesto y todo lo demás. Sin embargo, la decisión final sobre el lugar específico a dónde vivir, puede ser hecha por pura intuición.

Simplemente, nos sentimos bien con ese lugar, sin que haya una razón lógica que lo explique. Este es el ser infinito.

Algunas veces nuestras vidas complicadas hacen que olvidemos que estamos conectados a la energía Universal y que tenemos estas habilidades naturales. Dejamos de escucharnos a nosotros mismos y empezamos a entregar nuestro poder a fuerzas externas tales como jefes, profesores y amigos. Al bloquear nuestros sentimientos también se rompe la consciencia de nuestra propia magnificencia porque las emociones son la puerta de entrada hacia el alma. Pero somos seres complejos y tratamos de controlar la forma cómo nos sentimos.

Cuando vivimos completamente desde la mente durante un largo período, perdemos contacto con el ser infinito y luego empezamos a sentirnos perdidos. Esto pasa cuando estamos dedicados a hacer todo el tiempo, en lugar de ser. Lo segundo significa vivir desde el alma y es un estado de permitir. Esto significa permitirnos ser quienes y lo que somos, sin juicios. Ser no quiere decir que no hagamos nada. Es sólo que nuestros actos se derivan de seguir nuestras emociones y sentimientos estando presentes en el ahora. Hacer, por otro lado, está enfocado en el futuro, con la mente creando una serie de tareas que nos tiene de aquí para allá con el fin de lograr un resultado en particular, sin contar para nada con nuestro estado emocional presente.

He descubierto que para determinar si mis acciones vienen del “hacer” o del “ser”, sólo necesito mirar a la emoción detrás de las decisiones que tomo a diario. ¿Es miedo o es pasión? Si todo lo que hago cada día es dirigido por la pasión y entusiasmo por la vida, entonces estoy “siendo”, pero si mis actos son el resultado del miedo, entonces estoy “haciendo”.

Cuando sentimos que perdemos el camino, pensamos que hay algo malo en nosotros -algo que tenemos que hacer o conseguir para sentir que hacemos lo correcto- y entonces buscamos afuera las respuestas. Nos dirigimos a otros con la esperanza de que ellos nos salven. Podemos sentirnos mejor por un tiempo corto, pero generalmente es muy corto y eventualmente terminamos sintiéndonos peor. Sin embargo, cuando realmente empezamos a sintonizarnos con quién la vida tuvo la intención que fuéramos -y estamos sintonizados con las emociones que nos motivan- nos conectamos con el alma de nuestra magnificencia. Sentimos claridad cuando permitimos esta conexión y rescatamos nuestro poder; nuestras vidas empiezan a funcionar.

Cuando estamos en el lugar del “ser” quienes somos, podemos escoger aprender de gurús, profesores, libros o filosofías espirituales externas. Estamos conscientes de nuestra propia magnificencia interna y de nuestra verdad, en lugar de creer que otros tienen el poder y nosotros no. De hecho, cuando nos damos cuenta de nuestra magnificencia y vivimos en nuestra verdadera naturaleza de amor, atraemos sincrónicamente al profesor, al libro o a la filosofía espiritual correctos, ¡en el momento perfecto!

Desafortunadamente, no estar conscientes de nuestra propia magnificencia puede producir efectos aparentemente mayores que los de simplemente sentirnos perdidos. No obstante, todo ello tiene la misma esencia. Durante mi ECM, sentía que todo juicio, odio, celos o miedo vienen de personas que no entienden su verdadera grandeza. La falta de consciencia de nuestra perfección nos mantiene sintiéndonos pequeños e insignificantes y esto va en contra del flujo natural de la energía de la fuerza de vida -aquello que realmente somos. Vamos en contra de nosotros mismos.

La manera como yo lo veo, es que si nos alentaran a expresar lo que realmente somos, todos seríamos seres muy amorosos, cada uno trayendo al mundo lo único que somos. Los problemas y conflictos vienen como resultado de no saber quiénes somos y de no ser capaces de mostrar nuestra belleza interior. Hemos creado tantos juicios sobre lo “perfecto” que nos llevan a la duda y a la competitividad. Ya que nos sentimos como si no fuéramos lo suficientemente buenos, no hacemos más que actuar. Sin embargo, si cada uno de nosotros estuviera consciente de nuestra magnificencia y nos sintiéramos bien con nosotros mismos, me parece que la única cosa que tendríamos para compartir es nuestra naturaleza única, expresada externamente de una manera amorosa, que refleje nuestro amor propio.

Los problemas que vemos en el mundo no son por los juicios u odios que tenemos hacia los demás, sino hacia nosotros mismos. Así como la clave para mi sanación fue el amor propio incondicional que eliminó el miedo, la clave para un mundo mejor sería que cada uno se ame a sí mismo de esa misma manera, siendo consciente de su verdadero valor. Si dejamos de juzgarnos a nosotros mismos, automáticamente tendremos menos y menos necesidad de condenar a otros.

Empezaremos a darnos cuenta de su verdadera perfección. El universo está contenido en nuestro interior y lo que experimentamos externamente es sólo un reflejo.

Creo que en su esencia, nadie es verdaderamente malo -ese mal es sólo un producto de nuestros miedos, de la misma manera que lo era mi cáncer. Desde la perspectiva de magnificencia, aún los criminales son víctimas de sus propias limitaciones, miedos y dolor. Si para empezar, ellos tuvieran una verdadera consciencia de sí mismos, nunca hubieran causado ningún daño. Una mente diferente -por ejemplo, un estado completo de confianza en lugar de miedo- puede cambiar aún a la persona más depravada, de la misma manera que yo le di la vuelta a mi enfermedad extrema del cáncer.

Debido a que la mayoría de las personas no viven en la claridad del ser conscientes de quienes realmente son, las leyes, juicios, premios y castigos son requeridos para evitar que se hagan daño unos a otros. Si todos fuéramos conscientes de nuestra propia magnificencia, entonces no seríamos ya más dirigidos por el miedo. No necesitaríamos reglas, ni cárceles…ni hospitales.

Si cada persona, de repente, se volviera consciente de su verdadera perfección y magnificencia –digamos, que cada uno en el planeta tuviera una experiencia espiritual transformadora- nuestro mundo manifestado cambiaría para reflejar ese nuevo estado. Las personas estarían más empoderadas y serían mucho menos miedosas y competitivas, lo cual llevaría a una mayor tolerancia por los demás. Los porcentajes de crímenes se bajarían dramáticamente. Nuestros sistemas inmunológicos estarían más fuertes por un menor estrés y miedo, así que habría menos enfermedad. Las prioridades cambiarían porque ya no estaríamos dirigidos por la avaricia, la cual es otra faceta del miedo. Los niños crecerían siendo amor, más fuertes, saludables y con más confianza. Vivirían en un planeta que naturalmente apoya esta forma de vida en lugar de un sitio hostil.

A pesar de este punto de vista, no tengo la necesidad de cambiar a nadie, mucho menos al mundo.

Ir a alterar las cosas, sugiere que las juzgo como incorrectas y que necesito arreglarlas para que estén de acuerdo con mi propia visión o ideología. En cambio, cada cosa es como debe ser en este punto en el tiempo. Sé que mi único trabajo es SER. Mi trabajo aquí es ser yo misma -una expresión del amor que soy- y ver la perfección en mí misma, en otros y en el mundo a mi alrededor, mientras continúo viviendo en el plano físico. Eso es todo lo que cualquiera de nosotros necesita ser.

Entiendo los roles que todos en mi familia y en mi círculo más grande juegan en mi vida y yo en las de otros. Si no soy fiel a mí misma, entonces los otros a mí alrededor no pueden ser ellos mismos tampoco. Sólo siendo mi ser único, puedo permitirles a otros interactuar conmigo al nivel de sus propios seres infinitos.

Siempre y cuando yo tenga esta consciencia, me siento una con la energía Universal que fluye a través de mi vida, desenvolviéndose en formas milagrosas y sincronizadas. Estoy energizada en lugar de extenuada -elevada por el ser en lugar de derrumbada por el hacer, trabajando con la energía universal en lugar de estar en contra de ella. Mientras continúe de esta manera, mi vida toma una cualidad zen en lo que esté presente, hasta el punto que todo tiene un sentimiento casi irreal y guiado. No siempre es fácil, pero de verdad, ¡hace la vida más divertida! Todavía soy un proyecto en proceso, pero esto es todo lo que tengo qué hacer –sólo ser el amor que soy, ser quien soy. Mi universo externo se reorganizará como un resultado de esto y esto también es verdadero a una escala mayor.

Así como creamos nuestras propias vidas, momento a momento, con nuestros pensamientos y emociones, hemos decidido como colectividad qué es humanamente posible y qué, no. De una manera semejante, pensamos que nuestra moral y nuestros valores son absolutos pero realmente ellos son sólo un grupo de pensamientos y creencias que hemos adoptado como verdaderos, a lo largo del tiempo. Ellos son una construcción de nuestras mentes y un producto de nuestras culturas, así como todas las expectativas de género a las que yo les di forma en mi pensamiento durante mis primeros años. Debido a que creí en estos valores como absolutamente verdaderos, ellos afectaron a quién yo era. Como un todo, la realidad que hemos creado refleja esta inconsciencia. Si los pensamientos y creencias de todos fueran diferentes, hubiéramos creado un planeta diferente.

Me parece que este mundo es siempre la culminación de todos nuestros prevalentes pensamientos y creencias colectivos. Nos expandimos sólo a la velocidad que somos capaces de manejar en un momento dado, tanto individual como colectivamente. Todavía juzgamos a los que llevan a cabo los crímenes exactamente como criminales que merecen ser condenados, no sólo en esta vida pero también en la del más allá. Todavía somos incapaces de verlos como víctimas del miedo o como creaciones de una realidad que nosotros, como un todo, hemos construido.

Cuando cada uno de nosotros es capaz de mirar a los ojos de, incluso, nuestro peor enemigo y ver nuestros propios ojos mirándonos, entonces veremos la verdadera transformación de la especie humana. Cada uno de nosotros puede enfocarse en crear una realidad para sí mismo basada en sus propias verdades, en lugar de seguir ciegamente lo que ha sido establecido por nuestras creencias y pensamientos colectivos. Expandiendo nuestra consciencia a nivel individual, estaremos efectuando el cambio a nivel universal.

Cada uno de nosotros es como un solo hilo en un inmenso tapiz, entretejido en un patrón complejo y colorido. Podemos ser sólo una hebra, pero todos somos una parte integral en la imagen terminada. Afectamos las vidas de los demás simplemente escogiendo ser -o no- nuestros verdaderos seres. Nuestra única obligación con otros, nuestro único propósito, es expresar lo únicos que somos y permitir que los demás hagan lo mismo.

Entender que la Luz, la energía Universal magnificente que está en nuestro interior y es nosotros, nos cambia como individuos porque estamos abiertos y listos. De esta manera, un cambio más lento y profundo puede llevarse a cabo en el mundo. En el próximo capítulo exploraré aún más, lo que he llegado a entender sobre la vida en este plano.

Extracto del Libro: "MUERO POR SER YO" de ANITA MOORJANI (Mar/2012)
Traducción libre y gratuita al español de mi esposa y revisión mía (Sep/2012)

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