La ambigüedad de la libertad. I

Varios/Otros


- La emergencia del individuo y la ambigüedad de la libertad.

Antes de llegar a nuestro tema principal —el significado de la libertad para el hombre moderno y el porqué„ y el cmo de sus intentos de rehuirla— tenemos que discutir un concepto que quiz€á parezca un tanto alejado del problema actual. Sin embargo, el mismo constituye una premisa necesaria para la comprensión del an€lisis de la libertad dentro de la sociedad moderna. Me refiero al concepto seg…n el cual la libertad caracteriza la existencia humana como tal, y al hecho de que, adem€ás, su significado varƒa de acuerdo con el grado de autoconciencia del hombre y su concepcin de si mismo como ser separado e independiente.

La historia social del hombre se inici al emerger „ste de un estado de unidad indiferenciada con el mundo natural, para adquirir conciencia de sƒ mismo como de una entidad separada y distinta de la naturaleza y de los hombres que lo rodeaban. Sin embargo, esta autoconciencia sigui siendo muy oscura durante largos perƒodos de la historia. El individuo permanecƒa estrechamente ligado al mundo social y natural del cual habƒa emergido; mientras tenƒa conciencia de sƒ mismo, si bien parcialmente, como de una entidad distinta, no dejaba al propio tiempo de sentirse parte del mundo circundante.

El proceso por el cual el individuo se desprende de sus lazos originales, que podemos llamar proceso de individuación, parece haber alcanzado su mayor intensidad durante los siglos comprendidos entre la Reforma y nuestros tiempos.

En la vida de un individuo encontramos el mismo proceso. Un ni‚ño nace cuando deja de formar un solo ser con su madre y se transforma en un ente biolgico separado de ella. Sin embargo, si bien esta separacin biolgica es el principio de la existencia humana, el ni‚ño, desde el punto de vista funcional, permanece unido a su madre durante un periodo considerable.

El individuo carece de libertad en la medida en que todavƒa no ha cortado enteramente el cordón umbilical que —hablando en sentido figurado— lo ata al mundo exterior, pero estos lazos le otorgan a la vez la seguridad y el sentimiento de pertenecer a algo y de estar arraigado en alguna parte. Estos vƒnculos, que existen antes que el proceso de individuación haya conducido a la emergencia completa del individuo, podrƒan ser denominados vínculos primarios. Son org€nicos en el sentido de que forman parte del desarrollo humano normal, y si bien implican una falta de individualidad, Tambi„én otorgan al individuo seguridad y orientacin. Son los vƒnculos que unen al ni‚ño con su madre, al miembro de una comunidad primitiva con su clan y con la naturaleza o al hombre medieval con la Iglesia y con su casta social. Una vez alcanzada la etapa de completa individuación y cuando el individuo se halla libre de sus vƒnculos primarios, una nueva tarea se le presenta: orientarse y arraigarse en el mundo y encontrar la seguridad siguiendo caminos distintos de los que caracterizaban su existencia preindividualista. La libertad adquiere entonces un significado diferente del que poseƒa antes de alcanzar esa etapa de la evolucin. Es necesario detenerse y aclarar estos conceptos, discuti„ndolos m€ás concretamente en su conexin con el individuo y el desarrollo social.

El cambio, comparativamente repentino, por el cual se pasa de la existencia prenatal a la humana, y el corte del cordón umbilical marcan la independencia del reci„n nacido del cuerpo de la madre. Pero tal independencia es real tan sólo en el sentido muy imperfecto de la separacin de los dos cuerpos. En un sentido funcional, la criatura sigue formando parte de la madre. Es „sta quien lo alimenta, lo lleva y lo cuida en todos los aspectos vitales. Lentamente, el ni‚ño llega a considerar a la madre y a los objetos como entidades separadas de „l mismo. Un factor de este proceso lo constituye su desarrollo tanto nervioso como fƒsico en general, su aptitud para apoderarse fƒsica y mentalmente de los objetos y dominarlos. A trav„s de su propia actividad experimenta un mundo exterior a si mismo. El proceso de individuación se refuerza luego por el de educacin. Este …último proceso tiene como consecuencia un cierto n…mero de privaciones y prohibiciones que cambian el papel de la madre en el de una persona guiada por fines distintos a los del ni‚ño y en conflicto con sus deseos, y a menudo en el de una persona hostil y peligrosa.

Este antagonismo, que no constituye de ning…n modo todo el proceso educativo, y síƒ tan sólo una parte del mismo, es un factor importante para ahondar la distincin entre el ‡yoˆ y el ‡tú…ˆ.

Deben pasar unos meses luego del nacimiento antes que el ni‚ño llegue a reconocer a otra persona en su car€cter de tal y sea capaz de reaccionar con una sonrisa, y deben pasar a‚ños antes de que el chico deje de confundirse a sƒ mismo con el universo.2 Hasta ese momento sigue mostrando esa especie particular de egocentrismo tƒpico de los ni‚ños; un egocentrismo que no excluye la ternura y el inter„s hacia los otros, puesto que los ‡otrosˆ no han sido todavƒa reconocidos como realmente separados de „l mismo. Por la misma razn, en estos primeros a‚ños su dependencia de la autoridad posee un significado distinto del que adquiere el mismo hecho en „poca posterior. Los padres, o la autoridad correspondiente, no son todavƒa considerados como una entidad definitivamente separada: integran el universo del ni‚ño y este universo sigue formando parte del ni‚ño mismo; la sumisin con respecto a los padres tiene, por lo tanto, una caracterƒstica distinta del tipo de sumisin que existe una vez que dos individuos se han separado realmente uno de otro.

R. Hughes, en su A High Wind in Jamaica, nos proporciona una penetrante descripcin del repentino despertar de la conciencia de sƒí mismo en una ni‚a de diez a‚ños:

Y entonces le ocurrió a Emily un hecho de considerable importancia. Repentinamente se dio cuenta de qui„n era ella misma. Hay pocas razones para suponer el porqué„ ello no le ocurrió cinco a‚ños antes o, aun, cinco a‚ños despu„s, y no hay ninguna que explique el porqué„ debƒa ocurrir justamente esa tarde. Ella habƒa estado jugando ‡a la casaˆ en un rincón, en la proa, cerca del cabrestante (en el cual habƒa colgado un garfio a manera de aldaba) y, ya cansada del juego, se paseaba casi sin objeto, hacia popa, pensando vagamente en ciertas abejas y en una reina de las hadas, cuando de pronto una idea cruz por su mente como un rel€mpago: que ella era ella. Se detuvo de golpe y comenzó a observar toda su persona en la medida en que caƒa bajo el alcance de su vista. No era mucho lo que veƒa, excepto una perspectiva limitada de la parte delantera de su vestido, y sus manos, cuando las levant para mirarlas; pero era lo suficiente para que ella se formara una idea del peque‚o cuerpo que, de pronto, se le habƒa aparecido como suyo.

Comenzó a reƒrse en un tono burlesco. ‡‹Bien —pens realmente— imagƒnate, precisamente tú…, entre tanta gente, ir y dejarse agarrar asíƒ; ahora ya no puedes salir de ello, en mucho tiempo: tendr€s que ir hasta el fin, ser una chica, crecer y llegar a vieja, antes de librarte de esta extravagancia!ˆ

Resuelta a evitar cualquier interrupcin en este acontecimiento tan importante, empez a trepar por el flechaste, camino de su brazal favorito, en el tope. Sin embargo, cada vez que movƒa un brazo o una pierna, en esa accin tan simple, el hallar estos movimientos tan obedientes a su deseo la llenaba de renovada maravilla. La memoria le decƒía, por supuesto, que siempre habƒa sido asƒ anteriormente: pero antes ella no se habƒa dado cuenta jam€ás de cuan sorprendente era todo ello. Una vez acomodada en su brazal, empez a examinar la piel de sus manos con extremo cuidado, pues era suya.

Desliz uno de sus hombros fuera del vestido y, luego de atisbar el interior de „ste para asegurarse de que ella era realmente una sola cosa, una cosa continua debajo de sus vestimentas, lo encogi hasta tocarse la mejilla. El contacto de su cara con la parte cncava, desnuda y tibia de su hombro la estremeci agradablemente, como si fuera la caricia de algún amigo afectuoso. Pero si la sensacin venƒa de. su mejilla o de su espalda, qui„n era el acariciador y qui„n el acariciado, esto, ning…n an€lisis podƒa decƒírselo.

Una vez convencida plenamente del hecho asombroso de que ahora ella era Emily Bas-Thomton (por qu„ intercalaba el ‡ahoraˆ no lo sabia, puesto que, ciertamente, no estaba imaginando ning…n disparate acerca de transmigraciones, como el haber sido antes algún otro), empez a considerar seriamente las consecuencias de este hecho.

Cuanto m€ás crece el ni‚ño, en la medida en que va cortando los vƒínculos primarios, tanto m€ás tiende a buscar libertad e independencia. Pero el destino de tal bú…squeda sólo puede ser comprendido plenamente si nos damos cuenta del car€cter dial„ctico del proceso de la individuación creciente.

Este proceso posee dos aspectos: el primero es que el ni‚ño se hace m€ás fuerte, desde el punto de vista fƒsico, emocional y mental. Aumenta la actividad y la intensidad en cada una de tales esferas. Al mismo tiempo ellas se integran cada vez m€ás. Se desarrolla una estructura organizada, guiada por la voluntad y la razn individuales. Si llamamos yo al todo organizado e integrado de la personalidad, podemos afirmar que un aspecto del proceso del aumento de la individuación consiste en el crecimiento de la fuerza del yo.

Los lƒímites del crecimiento de la individuación y del yo son establecidos, en parte, por las condiciones individuales, pero, esencialmente, por las condiciones sociales. Pues aun cuando las diferencias interindividuales existentes en este respecto parecen ser grandes, toda sociedad se caracteriza por determinado nivel de individuación, m€ás all€ del cual el individuo no puede ir.

El otro aspecto del proceso de individuación consiste en el aumento de la soledad. Los víƒnculos primarios ofrecen la seguridad y la unin b€sica con el mundo exterior a uno mismo. En la medida en que el ni‚ño emerge de ese mundo se da cuenta de su soledad, de ser una entidad separada de todos los dem€ás. Esta separacin de un mundo que, en comparación con la propia existencia del individuo, es fuerte y poderoso en forma abrumadora, y a menudo es Tambi„én amenazador y peligroso, crea un sentimiento de angustia y de impotencia. Mientras la persona formaba parte integral de ese mundo, ignorando las posibilidades y responsabilidades de la accin individual, no habƒa por qu„é temerle. Pero cuando uno se ha transformado en individuo, est€ solo y debe enfrentar el mundo en todos sus subyugantes y peligrosos aspectos.

Surge el impulso de abandonar la propia personalidad, de superar el sentimiento de soledad e impotencia, sumergi„ndose en el mundo exterior. Sin embargo, estos impulsos y los nuevos vƒnculos que de ellos derivan no son id„nticos a los vƒnculos primarios que han sido cortados en el proceso del crecimiento. Del mismo modo que el ni‚ño no puede volver jam€ás, fƒsicamente, al seno de la madre, tampoco puede invertir el proceso de individuación desde el punto de vista psƒquico. Los intentos de reversin toman necesariamente un car€cter de sometimiento, en el cual no se elimina nunca la contradicción bá€sica entre la autoridad y el que a ella se somete. Si bien el niñ‚o puede sentirse seguro y satisfecho conscientemente, en su inconsciente se da cuenta de que el precio que paga representa el abandono de la fuerza y de la integridad de su yo. Asƒ, el resultado de la sumisin es exactamente lo opuesto de lo que debƒa ser: la sumisión aumenta la inseguridad del ni‚ño y al mismo tiempo origina hostilidad y rebeldƒa, que son tanto m€ás horribles en cuanto se dirigen contra aquellas mismas personas de las cuales sigue dependiendo o llega a depender.

Sin embargo, la sumisin no es el …nico m„todo para evitar la soledad y la angustia.

Hay otro m„todo, el …nico que es creador y no desemboca en un conflicto insoluble: la relación espontánea hacia los hombres y la naturaleza, relacin que une al individuo con el mundo, sin privarlo de su individualidad. Este tipo de relacin —cuya expresión má€s digna la constituyen el amor y el trabajo creador— est€ arraigado en la integracin y en la fuerza de la personalidad total y, por lo tanto, se halla sujeto a aquellos mismos lƒímites que existen para el crecimiento del yo.

Discutiremos luego con mayores detalles los fenmenos del sometimiento y de la actividad espont€nea como resultados posibles de la individuación creciente; por el momento sólo deseamos se‚alar el principio general: el proceso dial„ctico que resulta del incremento de la individuación y de la creciente libertad del individuo. El ni‚ño se vuelve m€ás libre para desarrollar y expresar su propia individualidad sin los estorbos debidos a los vƒnculos que la limitaban. Pero al mismo tiempo, el ni‚ño Tambi„én se libera de un mundo que le otorgaba seguridad y confianza. La individuación es un proceso que implica el crecimiento de la fuerza y de la integracin de la personalidad individual, pero es al mismo tiempo un proceso en el cual se pierde la originaria identidad con los otros y por el que el ni‚ño se separa de los dem€ás. La creciente separacin puede desembocar en un aislamiento que posea el car€cter de completa desolacin y origine angustia e inseguridad intensas, o bien puede dar lugar a una nueva especie de intimidad y de solidaridad con los otros, en el caso de que el ni‚ño haya podido desarrollar aquella fuerza interior y aquella capacidad creadora que son los supuestos de este tipo de conexin con el mundo. Si cada paso hacia la separacin y la individuación fuera acompa‚ado por un correspondiente crecimiento del yo, el desarrollo del ni‚ño serƒa armonioso. Pero esto no ocurre. Mientras el proceso de individuación se desarrolla autom€ticamente, el crecimiento del yo es dificultado por un cierto n…mero de causas individuales y sociales.

La falta de sincronizacin entre estos dos desarrollos origina un sentimiento insoportable de aislamiento e impotencia, y esto a su vez conduce a ciertos mecanismos psƒquicos, que m€ás adelante describiremos como mecanismos de evasión.

Tambi„én desde el punto de vista filogen„tico la historia del hombre puede caracterizarse como un proceso de creciente individuación y libertad. El hombre emerge del estado prehumano al dar los primeros pasos que deber€n liberarlo de los instintos coercitivos. Si entendemos por instinto un tipo especƒfico de accin que se halla determinado por ciertas estructuras neurolgicas heredadas, puede observarse dentro del reino animal una tendencia bien delimitada. Cuanto m€ás bajo se sit…a un animal en la escala del desarrollo filogen„tico, tanto mayor es su adaptacin a la naturaleza y la vigilancia que los mecanismos reflejos e instintivos ejercen sobre todas sus actividades.

Las famosas organizaciones sociales de ciertos insectos han sido enteramente creadas por el instinto.

Por otra parte, cuanto m€ás alto se halla colocado en esa escala, tanto mayor es la flexibilidad de sus acciones y tanto menos completa es su adaptacin estructural tal como se presenta en el momento de nacer. Este desarrollo alcanza su apogeo en el hombre.

Este, al nacer, es el m€ás desamparado de todos los animales. Su adaptacin a la naturaleza se funda sobre todo en el proceso educativo y no en la determinación instintiva. ‡El instinto... es una categorƒa que va disminuyendo, si no desapareciendo, en las formas zoolgicas superiores, especialmente en la humana.ˆ

La existencia humana empieza cuando el grado de fijacin instintiva de la conducta es inferior a cierto lƒímite; cuando la adaptacin a la naturaleza deja de tener car€cter coercitivo; cuando la manera de obrar ya no es fijada por mecanismos hereditarios. En otras palabras, la existencia humana y la libertad son inseparables desde un principio. La nocin de libertad se emplea aquƒ no en el sentido positivo de ‡libertad paraˆ, sino en el sentido negativo de ‡libertad deˆ, es decir, liberacin de la determinacin instintiva del obrar.


Extracto de: Erich Fromm - El miedo a la libertad.

6589 lecturas

Comentario de lectores

Ninguno para este artículo