¿Cuál es la causa del sufrimiento emocional? Parte I

Varios/Otros


Al trance de vida al cual todos llaman sufrimiento viene a mostrar el estado de origen emocional-mental por el que se experimenta una manifestación de emociones y pensamientos vinculados, conectados y correspondidos entre sí que se traduce en la percepción individual o colectiva de dolor o malestar interior y que provocan el efecto consecuente de fricción, decaimiento y desgaste internos.

Pues bien, se desvelarán en estas aclaraciones y explicaciones el mecanismo y las posibles causas que pueden engendrar y desembocar en los, así llamados, estados de sufrimiento, enfocando en esta respuesta los engranajes mentales y emocionales que los puedan producir y no las posibles influencias externas que puedan ser atraídas por estos mismos, dándoles excitación y escenificación, y que, claro está, dichos estados pueden repercutir en períodos más o menos prolongados de tiempo, siempre desde lo que podría denominarse, como se ha indicado, una perspectiva emocional-mental, ya que también resultaría conveniente recordar que son, precisamente, el enfoque y la fuerza emocional los que siempre dan forma y relieve a toda realidad externa personal.

Por tanto, este efecto interior que se denomina comúnmente como sufrimiento viene a presentarse como el resultado, sin más, de una actitud de resistencia, de negación o de rechazo interno a pasar o recorrer por ciertas circunstancias o lances de vida que, obviamente, de ningún modo son deseados, pero que, llegado a ese punto en el cual se viven dichas coyunturas en las que se perciben y se sienten las energías emocionales del dolor, la angustia, la ansiedad, el miedo, la pena, la frustración y la rabia como consecuencias de la no aceptación, si el individuo ha alcanzado el nivel de decisión, libre y por propio convencimiento y voluntad que lo pasaporten a grados más evolucionados de evolución y conciencia, de abandonar con amor y humildad, a toda costa, dichos estados de penuria, la cuestión que toca plantearse, acto seguido, es: ¿Por qué pueden seguir perdurando en el tiempo las resistencias internas, y, asimismo, el sufrimiento que producen, si ya se ha decidido conscientemente soltarlas y dejarlas caer has
ta su disolución e, incluso, existiendo una predisposición firme para que ello se produzca así?

La respuesta y la explicación a esta pregunta resultan, en general, sencillas de exponer, pero con la añadidura de matices a esta generalidad que se irán relacionando conforme avance este capítulo, porque sería necesaria la mención de ciertas situaciones y casos en los que podría convenir realizar alguna aclaración más extensa para una mayor compresión del tema.

Toda actitud resistente en el foro interior personal obedece a la no permisividad y no aceptación por parte de la persona a incumplir, no alcanzar, no mantener o a que no se dé algún requisito, ideal, expectativa, meta, norma o patrón que haya asumido, encajado, integrado o establecido a nivel mental en algún período o etapa de su vida, pudiendo ser identificados estos aspectos y condicionantes, o no, dependiendo de distintos factores como pueden ser:


- El nivel de expansión de conciencia y de evolución del ser humano que le haga presentar un estado alerta de percepción y reconocimiento de lo que ocurre en su vida en cualquiera de sus estratos.

- La profundidad y el arraigo que tengan estos requisitos, planteamientos y también exigencias que hayan podido ser forjados, incluso, desde la infancia, en muchos casos como atributos convencionales, normales y habituales, dentro de la misma familia, la sociedad, los centros de enseñanza, etc.


Solo con el único objeto de aportar simplificación en la terminología empleada en este campo, a todos estos ideales, convicciones y esquemas, que influyen en las decisiones y caminos que una persona adopta y elige en su vida y que van a determinar sus pretensiones, buscadas y logros, los vamos a llamar, básicamente, expectativas y metas, aunque, por otro lado, bien es cierto que ambos términos pueden resultar generalistas y en muchos casos, a todas luces, no exactos por el intento de entrar a considerar cuestiones y proyecciones personales que son totalmente habituales y aceptadas por la sociedad, siendo reconocidas, por ello, como lógicas y coherentes, y que, además, pueden pasar con cierta facilidad desapercibidas dentro de los movimientos del subconsciente colectivo e individual, y, por otra parte, por la necesidad de englobar otros aspectos sutiles del propio enfoque humano que en ningún momento habrían sido denominados con esta apelación.

Pero ateniéndonos a que el funcionamiento de la mente guarda siempre cierta similitud, a modo de repetición, en esta dinámica de proyección, siempre programando el futuro y recabando en los recuerdos y resquicios del pasado, encontrándose en estos procesos mentales la dificultad de perdurar y mantenerse en el momento presente, estado sagrado y divino del Aquí y del Ahora, habida cuenta de que el contenido de este capítulo se va a centrar en las quimeras, premisas, condicionantes y realidades ciertamente virtuales que la mente desarrolla, acepta y asume, y que después pueden ocasionar y causar resistencia, fricción y, en definitiva, sufrimiento, las palabras anteriormente escogidas, expectativas y metas, independientemente del uso convencional que suelen recibir y de las etiquetas que puedan tener asociadas, cumplen y se ajustan perfectamente, en sí mismas, al concepto y al hecho que se pretende subrayar y abarcar en esta argumentación.

Pues bien, al hilo de la introducción que se ha expuesto hasta este momento, solo procede rubricar con la mayor de las simplezas que la mera existencia de expectativas y metas, conscientes o inconscientes, así como de toda proyección o cavilación que salga del sobrefuncionamiento de la mente de 3D, que puede contar en el haber del ser humano, es obvio que configura el origen de la maya constituida por ilusiones, pasiones, deseos, euforias y entretenimientos que lo mantienen sumido en la amnesia y la desconexión en esta dimensión de la 3D, pero, qué duda cabe, que el simple hecho de ver incumplidas dichas expectativas o considerar que está puesta en evidencia o riesgo el alcance de las mismas no solo puede propiciar lo que es reconocido como ansiedad, miedo, pena o frustración, sino que podría afirmarse, de modo generalista, que todas estas emociones quedarían englobadas, al partir todas de este proceso, en lo que, con independencia de las posibles variantes o calificativos asociados, podríamos denominar resistencia interior, como efecto, de momento, inmediato, aunque surja de manera suave o tenue, debido a la no disposición para deshacerse de condiciones que han formado la personalidad del sujeto y al comprobar cómo queda en entredicho o en peligro el logro de los horizontes que el mismo individuo había aceptado y establecido, y que, a la postre, conformaban el panorama de existencia que él, más o menos, había diseñado para su experiencia en encarnación en esta dimensión terrestre.

Con esto se concluye que, por regla general, siempre que se identifiquen sufrimientos emocionales, comúnmente localizados en la parte superior o boca del estómago, lugar de ubicación del tercer chakra o chakra del plexo solar, va a existir una resistencia, más o menos reconocible, a que algo se dé o no se dé, a que algo ocurra o no ocurra, debido a la lógica exigencia que plantea su respectiva expectativa o meta, latente y camuflada en muchos casos en lo más interno y profundo del espacio mental del ser humano.



Extracto de 21 PREGUNTAS
LIBRO DE LA AUTOMAESTRIA
AUTOR: RAFAEL MONTAÑO CARMONA

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