Coloquio Con Un Ser De Las Estrellas. Flash 1.7

Varios/Otros


El hombre indiscutiblemente es un gran luchador. Es una verdadera lástima que el ser humano, con muy pocas excepciones, desperdicie tanta energía poniendo ciega confianza en que los problemas se solucionan dominándolos. El hombre cree en la fuerza, en la violencia, en la superioridad y estima mucho menos otros factores como la armonía, la vibración y la igualdad.

Un ejemplo práctico con respecto a las técnicas humanas; amarrado al pesado materialismo de su planeta Tierra: el hombre, desde los inicios de su actividad, se encontró enfrentado con uno que quizás es el más grande de sus problemas; cómo levantar cosas pesadas. Al enfrentarse con el problema, el hombre entendió que el peso representaba una fuerza contraria que él tenía que vencer. Lo primero que tuvo que aceptar fue, que adonde no alcanza uno, sí pueden alcanzar dos, tres y más; en fin, la ley espontánea del nosotros, del con junto, que estaba sugiriéndole al hombre que el egocentrismo, el individualismo, no era el sistema. De todas formas, el instinto violento humano prevaleció y el hombre buscó soluciones para luchar en contra del peso, contando con su propia fuerza, antes, con fuerzas conjuntas, después, y con su inteligencia finalmente, utilizando aparatos del más sencillo al más complejo, todos basándose en un mismo principio: utilizar la fuerza para ganarle a la resistencia de un peso.

Y desde la palanca hemos llegado a las más poderosas grúas y a los más terribles explosivos, hasta lograr enviar a considerables distancias en el espacio toneladas de pesado material. Jamás la inteligencia humana ha buscado, en lugar de utilizar la fuerza, usar Otros sistemas. Hoy en día nos extraña constatar cómo, en un pasado lejano, civilizaciones desaparecidas pudieron ganarle al peso, sin poseer las máquinas poderosas de las cuales disponemos hoy. He podido, utilizando vibraciones telepáticas, llegar a sitios adonde hace muchos siglos se levantaron piedras inmensas, he visto grupos juntando esfuerzos mentales para mover rocas enormes. Tanto nos extraña actualmente, constatar como Uri Geller logra doblar metales y mover objetos utilizando su poder mental. ¿Qué pasaría si pudieran juntarse cien, mil, cien mil o más mentes como la de Uri Geller para efectuar determina dos trabajos? Uri Geller es considerado un fenómeno; hubo un tiempo durante el cual los mentalistas como él eran corrientes y con poderes, además, superiores. Algo conservan de este ancestro los salvajes, cuando se reúnen utilizando sonidos, danzas y cantos con el fin, probablemente inconsciente de homogeneizar la acción mental estimulada por la coordinación del ritmo. Indiscutiblemente, con esa concentración estimulada, adquieren poderes sobrenaturales. Bien lo sabían los conquistadores del lejano Oeste como crecía el potencial de ataque de los guerreros indios después de uno, ¿loso más días de cantos y danzas alrededor de los rítmicos tambores; pues en las épocas más remotas, cuando los huma nos se preocupaban mas de la glándula pineal que de las vitaminas, los conjuntos lograban poderes que hoy no podemos entender. Eran las épocas antiguas en las cuales todavía el hombre no se había atrofiado en lo que el llama progreso y civilización. Eran las épocas más cercanas al gran pasado y el ser humano todavía recordaba algo de su origen extraterrestre y de los esfuerzos compensados cuando la solución se buscó en la armonía del conjunto y en una mente superior. Eran las épocas en las cuales Dios vivía en el hombre y éste no le había relegado todavía a un lejano paraíso. He visto en mi éxtasis telepático hombres bellísimos, en el sentido de los valores más puros de la estética universal, circundados de los símbolos multicolores de su fe antigua, cantando y danzando alrededor de la sabiduría de los ancianos, creando energía mental y los he visto utilizar esta energía para mover montañas, separar aguas, levantar enormes monumentos representativos.

“Hombre, en lugar de bajar tu cabeza e impulsarla locamente como un toro para luchar contra la materia y sus manifestaciones, por qué no has intentado comprender a la materia, conquistaría con el cariño y la sensibilidad que se usa con las cosas vivas y sensibles, en lugar de hablar con fuerza bruta, por qué nunca intentaste encontrar el sistema para quitarle peso a las cosas. Este sistema existe porque tu tierra, en el vacío sideral, no pesa nada y tú lo sabes.” —Es una sugerencia de Sao, el guía de las Pléyades. El conoce el sistema para hablar con su mente a la materia, ella es su amiga y con gusto y amor lleva sus naves sin peso hasta acá. Hasta el tiempo le obedece a Sao y nunca sus viajes serán lentos y retardados. La materia tiene su lenguaje, un idioma que el hombre forzosamente tendrá que aprender y no será difícil aprender este idioma, siempre que el hombre acepte las leyes del Universo. Principalmente, el hombre tendrá que prescindir de su soberbia y esto se está repitiendo en este libro con insistencia, no tanto como para sermonear y hacer alarde de virtud; la modestia es imprescindible para compenetrar las leyes de otros sistemas.

El hombre se siente orgullosísimo de su artefacto, me re fiero al “Vikingo”, que han lanzado hacia Marte y que mientras estoy escribiendo acaba de amartizar. El grupo científico está orgulloso de la hazaña, se felicitan unos con otros, se abrazan, se exaltan; pero examinemos el hecho desde otro ángulo: ¿Qué es lo que han hecho estos científicos de la Nasa, al fin? No hay cosa parangonable al espacio sideral. En nuestro sistema Tierra poner a navegar una embarcación unas cuantas millas mar adentro es mucho más complejo. En el mar hay bajos escondidos, marejadas repentinas, vientos que pueden volverse huracanados y en cualquier momento te puede aparecer por la proa, entre la niebla, la silueta amenazadora de otra embarcación; algo hecho para navegar en el mar tiene que resistir el golpe de las olas e infinidad de otros problemas con sus soluciones, que hacen del navegar un arte difícil. Examinemos el espacio sideral: nada puede ser más adecuado para ser navegado; en él cualquier cosa flota, una Piedra, un corcho, un bloque de acero, una pluma, la pirámide de Egipto o si se prefiere Egipto completo con el Nilo y los árabes peleando con los israelíes. En este sistema maravilloso no hay que respetar ninguna ley ni de hidro ni de aerodinámica; un plato se desliza perfectamente, sea que esté enseñando su borde penetrante, sea que lo esté haciendo con su chata barriga al frente.

Un torpedo, un paragua abierto, una flecha o una sábana matrimonial navegan en este espacio igualmente bien. Si allá arriba le das un empujoncito a algo, esto seguirá corriendo sin pararse nunca. ¿Qué ha hecho el hombre de especial sino otra cosa que haber aprovechado las condiciones verdaderamente excepcionales de este espacio sideral?

Es cierto, este enorme armatoste una vez que llegó allí, sacó un brazo de tres metros y escarbó en la tierra un surco de 20 cm, eso naturalmente utilizando impulsos de radios, provenientes de la Tierra. Bueno, hoy en día los japoneses construyen juguetes, también gobernados por impulsos-radio que más o menos hacen la misma cosa y eso sin gastarse la tremenda billonada así como lo hicieron los lujosos fabricantes de juguetes de la Nasa. El “Vikingo” está transmitiendo a la Tierra fotografías del lejano planeta hermano, son buenas fotografías. Lo que ha impresionado mucho es el color de estas fotos: el color del cielo, el color de las rocas, el color de algo verdoso que puede parecer vegetación, etc., etc.; pero cuidado señores de la Nasa, ¡Cuidado de no dejarse arrastrar por fa máquina! Un exceso en ésta o aquella emulsión, un error de temperatura o del tiempo del revelado y el azul puede volverse verde y el gris puede volverse rojo y de allá pueden surgir conjeturas equivocadas, pueden encontrar agua adonde no hay más que polvo, pueden encontrar vegetales adonde no hay más que rocas. A este punto es necesario que haga una aclaración: no soy un pesimista, no soy un aguafiestas; lo que han hecho los señores de la Nasa, lo que han hecho todos los científicos en la lucha para la conquista del espacio, es maravilloso. Mi crítica anterior no quiere desconocer méritos, no quiere desvalorizarlo, ¡exactamente es lo contrario! No se trata de mi poca consideración hacia los hombres de ciencia que están lanzando artefactos hacia las estrellas. Mi desconfianza no es hacia ellos, es hacia el sistema, ellos podrían y seguramente sabrían hacerlo mucho mejor; pero el tremendo lentísimo mecanismo humano los tiene aprisionados.

Es una corazonada lo que voy a decir: estoy seguro que al maravilloso, inalcanzable doctor Von Braun si se le hubiese dado carta blanca, si se le hubiese comprendido más, si se le hubiese discutido menos, si se le hubiese respetado como su mente superior lo merecía, ya hubiera establecido contacto, en forma evidente; trascendental y útil con otras inteligencias cósmicas.

Sigo hablando por corazonada, presiento que el doctor Von Braun está cansado, desilusionado.

A Sao, el ser etéreo que mentalmente me inspira, le hubiese interesado entrar en contacto con él.

Aprovecho este libro para ofrecerme al doctor Von Braun como elemento de enlace; yo sé que él tiene que hablar con “Ellos” y sé que él me buscará si su salud no le falla (mucho cuidado, doctor, con su salud), le estaré esperando. Yo sé por habérmelo transmitido el cable etéreo, que el doctor Von Braun tiene completa conciencia de la realidad de las naves que están visitando a la Tierra; yo estaba presente aunque nadie me haya visto en la fuerte discusión, cuando el doctor Von Braun no estaba dispuesto a que se siguiera ocultado la verdadera identidad y los mensajes de los ovnis.

Concluido este paréntesis voy a regresar al tema, porque necesito decirle algo a los científicos que investigan, a los gobiernos que financian y a los pueblos que pagan.

Es inútil que sigan gastando más millones luces (es una expresión que me he permitido inventar, para lograr definir la r sorprendente velocidad de cómo se acostumbra gastar dinero, para investigaciones que a veces no se justifican).

En el sistema solar no encontrarán ninguna otra forma de vida parecida a la de los hombres de la Tierra. Todo en el Universo es un conjunto de vibraciones, conjunto constituyente de un “Todo” homogéneo, vibrante, infinito y eterno llamado Dios. Cada una de estas moléculas vibratorias tiene su propia frecuencia, con sus características sistemáticas. El bípedo humano es una de estas lambdas; existen otras frecuencias expresadas en la banda solar, pero ninguna puede reunir las mismas características. Es, para citar un ejemplo, como el pentagrama musical: en una octava cada nota tiene su tonalidad, su vibración, “Re” es “Re”, “Fa” es “Fa” y “Sol” es “Sol”.

Si el Re tuviera la misma presunción del ser humano, estaría lanzando pequeños “Vikingos” musicales para ver si puede conseguir entre el “Fa” y el “La”, el “Mi” o el “Sol”, otro pequeño “Re” allá escondido. Pero será inútil, en su octava de “Re” no hay más que uno. En la octava que sigue sí hay otro “Re”; pero su vibración es mucho más alta. Exactamente como en el Universo: en esta octava, el sistema solar, “Re” hay uno solo; en la octava que sigue, en otro sistema alrededor de otra estrella, seguramente habrá otro “Re”, de vibración más elevada. Así como también lo habrán de vibraciones más bajas en las octavas que preceden.

Así que es inútil buscar otros planetas habitados por indígenas extraterrestres del sistema solar; lo que el hombre encontrará en sus viajes a los planetas del Sistema Solar será, y en gran abundancia, presencia y evidencia de seres extra terrestres; pero provenientes de otras estrellas lejanas del Sol. Encontrarán bases de los ovnis, encontrarán trazas de sus pasos, especialmente en Saturno donde descubrirán los más importantes secretos. Se convencerán que todos los planetas están vacíos en su parte central, quién más, quién menos ¡La costra de Marte es una de las menos gruesas!

Si los científicos hubiesen sido menos pegados al evidente y tangible materialismo investigativo, si hubiesen creído más en los fenómenos paranormales, si además del microscopio electrónico hubiesen utilizado el psiónico, quizás estarían mucho más adelantados en sus conocimientos. La ciencia todavía se está resistiendo a la aceptación de los poderes naturales, mal llamados sobrenaturales, de la mente humana; así como también los gobiernos siguen buscando esconder los ovnis en los sótanos olvidados de la opinión pública. ¡Otra corazonada más! —Muy pronto, científicos y gobiernos tendrán que aceptar y rendirse a la evidencia en toda su amplitud.

Una vez se me hizo una pregunta, al finalizar una de mis charlas con un grupo de estas queridas “personas raras” de las que les gusta hablar de “estas cosas”. En esta disertación había hablado, entre otras cosas, del hecho de que 90/100 partes del cerebro humano no son utilizadas. Es ésta una elocuente afirmación del doctor Warren Penfield. Esto quiere decir, que prácticamente, el ser humano utiliza únicamente un 10% de su cerebro. Hay quien sostiene que no se trata de un 10%, pero sí de un 20%; en fin, existen discrepancias sobre porcentajes. No me pararé a discutir sobre este argumento; lo que sí es cierto es que nuestro cerebro deja de utilizar una gran parte de su potencial.


Extracto de:
SAO ME HA DICHO…
Coloquio Con Un Ser De Las Estrellas
FUNDACION SAO A.C.

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