Coloquio Con Un Ser De Las Estrellas. Flash 1.3

Varios/Otros


Hoy en día un gran escalofrío recorre el espinazo vertebrado y anquilosado de nuestro planeta Tierra; quien no sueña con mensajes telepáticos, sueña con cráneos transparentes de ojos achinados; el que no puede relatar su última experiencia con el aterrizaje de un ovni es porque probablemente en aquel instante estaba haciendo cola en una modernísima agencia de viajes para comprar un pasaje para una hipotética excursión a Ganímedes; profesores de insospechadas disciplinas universitarias explican con amplitud de detalles a quien no estuvo “allí”, las líneas de aterrizaje del aeropuerto espacial de Nazca, visibles únicamente desde miles de metros de altura.

Cuando Armstrong puso su pie en la luna, mi comentario fue algo trivial: “Allí está, el hombre metió la pata” —No pude hacer menos que esta exclamación acosado psíquicamente por la voluminosa propaganda televisiva desde Cabo Cañaveral.

Así fue como desde entonces una novedosa epidemia que (perdonen la definición) califiqué como “diarrea espacial” acosa a la humanidad. Se ha vulgarizado a tal punto la esencia cierta de los hechos extraterrestres que expertos en técnicas intergalácticas, licenciados no sé bien en cual Universidad astral, no cesan de dictar cursos con entrega, retribución previa, de diplomas correspondientes, que transforman a humildes ciudadanos, a veces rechazados debido a sus escasos cono cimientos por las instituciones universitarias, los transforma digo, en eruditos cósmicos. Y los que verdaderamente poseen algo (un algo sinceramente ínfimo con respecto a lo vasto del conocimiento extrasensorial, que los acerca a la dimensión superior), tiemblan por miedo al ridículo y esconden su sensibilidad interpretativa en una justificada introversión psíquica. Y nos lastima profundamente a los que presumimos de romper lanzas en el torneo universal de la inteligencia aplicada y aplicable, cuando leemos en libros editados, publicados y vendidos sobre las “Pistas de aterrizaje del aeropuerto espacial de Nazca”, pistas visibles únicamente desde muchos miles de metros de altura. ¿Cómo no sonreírse del “Cande labro, tridente” esculpido en el paredón rocoso frente al Pacífico, entre la Isla de Paska y el sitio de Nazca? Ese Candelabro (tridente) no es otra cosa que una letra aceptada por el alfabeto griego de procedencia universal que junto con otras manifestaciones de sabiduría llegaron a los científicos de la antigua Helenia. Esta letra, símbolo universal de la inteligencia y del alma, es la “PSI” del alfabeto griego, prefijo que caracteriza toda expresión inherente al alma y a la inteligencia (psicología, psiquiatría, psicoanálisis, etc.). Una señal por lo tanto anunciadora de algo de interés cósmico relacionado con el sitio, exactamente a la entrada de Nazca, para los rumbos de vuelo procedentes de la isla Paska, nombre que en hebraico antiguo de insospechada procedencia también que ría decir: “El paso”. Así que alguien procedente de Paska volando a gran altura dirigido por la señal de inteligencia universalmente conocida, llegaría la meseta de Nazca donde identificados por diferentes dibujos de animales pertenecientes todos a la fauna local, puede establecer directivas de vuelo, tomando información representada por estas líneas trazadas y visibles desde gran altura. Ellas constituyen los parámetros direccionales magnéticos complementarios de los rumbos ortodrómicos, vectores de las resonancias moleculares que establecen los rieles invisibles necesarios al desliz estático de las naves extraterrestres que nada tienen que ver con nuestros conceptos de navegación aérea y propulsión dinámica. Así que Nazca no es otra cosa que un sintético manual informativo para directrices de vuelos espaciales.

En nuestro planeta, algo así como el número que, muy inadecuadamente por cierto, acostumbramos escribir en la pared, al lado del teléfono, ensuciándola en forma muy antiestética. Los hermanos del espacio hicieron lo mismo utilizando desde gran altura un rayo marcador; no podemos acusarlos de ensuciar nos la tierra así como los que escriben números en las pare des al lado de los teléfonos, no podemos acusarlos porque estos colosales garabatos no son visibles sino desde gran altura y además por una razón sobresaliente: sin estas directivas limitativas de coherencia magnética que escapara nuestro entendimiento, las llamadas desapariciones, los llamados desastres del llamado “Triángulo del Diablo” en las Bermudas estarían sucediendo en muchos sitios. Es una lección de extremada y delicada atención de estas poderosas inteligencias que, muy lejos del justificativo de que: el fin justifica los me dios, dejaron grabados en la explanada de Nazca los exponentes científicos que podrían llevar al investigador humano, demasiado ocupado en sus laboratorios en confeccionar bombas atómicas, a nuevos y trascendentales descubrimientos en la utilización del magnetismo molecular. Y otra cosa está grabada allá arriba, en Nazca, algo más impresionante quizás que las banderitas inertes que los astronautas de la Nasa dejaron clavadas en el polvoriento suelo lunar, algo que hay que saber interpretar, me refiero a su manifiesta intención de no producirnos daño o molestia alguna, algo verdaderamente cósmico y universal, este algo que se llama: RESPETO — HERMANDAD.

Volviendo a considerar la constelación de las Pléyades que tanto nos interesa, ella se compone de siete estrellas y de una gran variedad de planetas, algunos habitados, otros no, todos visitados por los hermanos de Sao, máximo exponente simbólico, algo así como Jesús en la Tierra.

Práctica mente su verdadera denominación sería la de Sao-Cristo, ya que Kristos en griego, y antes de que existieran los griegos también, quiere decir ungido. Me cuesta enormemente encontrar expresiones para definir en forma comprensible para el lector la verdadera esencia de Sao; se trata de una interpretación súper sensorial propia de otras manifestaciones donde todo se caracteriza por la cercanía extremada a lo infinita mente puro y elevado. Sao representa las mismas características del Alfa y del Omega del Padre. Sao puede que sea el último eslabón antes de llegar al trono, puede que sea el primero que desde el trono desciende y puede que sea el mismo trono allá adonde subir y bajar no quiere decir nada. Sao podría ser calificado en la Tierra como el Ser que siempre fue y siempre será, pero, ¿cómo representarlo allá donde pasado y futuro se han fundido en el aspecto universal del presente eterno, adonde únicamente se disloca la conciencia? Esto es Sao. Sao es la Conciencia Cósmica. La conciencia es un sentimiento interior que permite al hombre evaluar sus acciones; pero en la amplitud de la otra dimensión que busca en toda la síntesis representativa, donde no hay lugar para discriminaciones de sentimientos que por lo tanto no pueden ser ni interiores ni exteriores, ni buenos ni malos, ni altos ni bajos; así como acostumbramos los humanos a considerar el sentimiento con sus variadas aplicaciones. En la síntesis perfecta de la inteligencia cósmica el sentimiento es uno solo y se llama amor con sus proyecciones colaterales ascendentes, Diosespíritu, y descendentes, átomo-humanidad. Ese amor centro de un círculo llamado hermandad.

El círculo de la hermandad en el centro de un triángulo, cuya base es el amor que une los dos factores o lados, Dios-espíritu con átomo humanidad. El triángulo con el círculo en el centro es el símbolo representativo de Sao.

En las Pléyades no se suele hablar, las ideas se transmiten telepáticamente ni siquiera son ideas las que se transmiten, más bien es intensidad sensitiva acompañada casi siempre por un murmullo armónico de modulación celestial entre la permanente sonrisa de los labios. Es que no se puede conceptualizar una idea allá donde el egocentrismo del yo jamás existió. Allá el pensamiento es colectivo porque la inteligencia vigente es la universal. Nosotros los humanos acostumbramos decir: “tengo este problema, estoy estudiando cómo solucionarlo, mi inteligencia sugiere lo siguiente, te voy a decir lo que voy a hacer para que puedas regular tus acciones también”. En la otra dimensión el problema no puede existir porque la Inteligencia Cósmica lo asimila espontáneamente dejando ipso facto de ser problema. Así para nosotros un problema resuelto presupone una actividad mental; allá en cambio esta actividad mental está representada por un estado espontáneo de conciencia y la actividad mental se identifica con algo parecido a un eufórico agradecimiento hacia el amor universal que todo lo soluciona. El proceso que quizás no he sido capaz de describir con expresiones oportunas considerando lo diáfano e impalpable de tales contexturas físicas culmina en las Pléyades con las armoniosas vibraciones vocales que cual cantos de sirenas acompañan constantemente los diálogos telepáticos entre estos hermanos.

Allá no existe el amor como nosotros lo entendemos; en su lugar, cuando la pareja logra resonancias psíquicas, correspondientes a determinados factores de valoración que me se ría imposible describir, se engendran espontáneamente vibraciones unísonas con manifestaciones permanentes de plenitud, inconcebibles para nosotros. El acoplamiento material se verifica en forma similar a la usada por nosotros, ya que el acto amoroso está generalizado en todo el universo; pero lo que nosotros, vulgarizándolo todo, como siempre, llamamos orgasmo atribuyéndole además carácter de transitoriedad, allá constituye una vibración permanente con diferentes intensidades ya que este amor no es más que energía que la materia está constantemente emitiendo y absorbiendo, concepto éste por nosotros conocido. Cuando los hermanos de las Pléyades, después de haber pasado por las escuelas de perfecciona miento de Electra, salen con las naves para cumplir misiones, se desdoblan y adquieren formas más densificadas. Entre las características pertenecientes a este estado de forma, de todas maneras diferentes de nuestros conceptos, utilizan un idioma ampliamente conocido por los habitantes más evolucionados del cosmos: el Saocristos. No es difícil encontrar la similitud entre esta definición y el Sánscrito, el idioma sagrado conservado en estado apócrifo por cierto, como todo lo sagrado que llegó a nuestras manos contaminadoras.

Las siete estrellas pertenecientes a las Pléyades, las mis mas que encontramos en el Apocalipsis de San Juan, en el mensaje divino a las iglesias, en la mano derecha del “mensajero divino” (16), las mismas quizás que encontramos en la Bandera de Venezuela (algo casual tal vez, pero que me impulsó a promover este esfuerzo literario desde la patria de Bolívar), las mismas estrellas que, en inspirada interpretación Rodolfo Benavides asoció en su libro “Los misterios de la Gran Pirámide”,

Son: Alción, Atlante, Electra, Maya, Mérope, Astérope y Pleyone.

En Alción, la principal de ellas, tiene su asiento el Consejo de los 24 ancianos, presidido por Sao. Nadie en el universo está autorizado a hacer comentarios con respecto a este círculo hermético perteneciente a la dimensión total. Si a los cristianos les gusta pensar que esto es el Paraíso, sienten allá a su Adán y a su Eva, pero en lugar de la hoja de parra sería aconsejable que ellos vistieran trajes de bombero, porque en la propia Alción hace bastante calor. A propósito, cuando hablamos de los hermanos que vienen de las Pléyades tenemos que ubicarnos en diferentes planetas que orbitan alrededor de las siete estrellas. A su vez son innumerables los sistemas planetarios que giran alrededor de la estrella Alción. El sol con su séquito de planetas, satélites, pedruscos y Sputniks es uno de estos sistemas que junto con otros siete giran en la misma órbita alrededor de la estrella principal de las Pléyades, es un anillo que el astrónomo alemán Otto Hess llamó “manásico” y se explica la lógica convencional de otros siete sistemas planetarios que junto al sotar constituyen un concepto de octetismo fácilmente identificable entre el silogismo paralelo de átomos y sistemas estelares.



Extracto de:
SAO ME HA DICHO…
Coloquio Con Un Ser De Las Estrellas
FUNDACION SAO A.C.

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10/06/2013

DIÁLOGO CON SAO, UN SER DE LAS ESTRELLAS: En 1972 nos enteramos en Caracas, Venezuela, de que un señor de origen italiano, de nombre Lucio, estaba teniendo contactos telepáticos con seres del grupo estelar de Las Pléyades. Inmediatamente nos dirigimos a Maiquetía, donde conocimos al Contralmirante Daniel Gámez Calcaño, quien nos presentó al canal psíquico, Sr. Lucio Lezi, contándonos que todo se había iniciado cuando Lucio recibió un mensaje interno de unos seres que le manifestaron que deseaban comunicarse con él y que “no eran sombras”, queriendo, indudablemente, significar que no eran entidades espíritas… Así comenzó todo, y Lucio se convirtió en un canal telepático, quien, sin perder su estado consciente, recibía mensajes hablados y psicografías, con las imágenes de los seres que se identificaron como habitantes del grupo estelar de Las Pléyades, que dista de nosotros unos 400 Años Luz. Dentro de las experiencias habidas, se dio un contacto, vía radio, construyendo la antena con instrucciones precisas de ellos para que operara en 21 centímetros (la Frecuencia espontánea del Hidrógeno en el universo)… según ellos la emisión proveniente de la Tierra fue recibida por un satélite que ellos tienen, invisible, alrededor de la Luna (lo llaman “Luna Negra”), desde donde retransmitieron la señal que el grupo envió hasta Las Pléyades mediante una honda hiperlumínica (a velocidad infinitamente superior a la de la Luz), llegando la respuesta en cuestión de minutos, pero codificada en pulsos parecidos al Morse. La experiencia cesó con la muerte del Canal Síquico, Sr. Lucio Lezzi. Miguel Paz Bonells Maracaibo, Venezuela

Paz Miguel desde Venezuela