Los animales no poseen consciencia con tantas libertades.

Seth


SESIÓN 512, 27 DE ENERO DE 1970
21.02 MARTES
(La sesión programada normalmente para los lunes tuvo que posponerse para esta noche.)

(El ritmo de Jane era bastante lento y con muchas pausas. Algunas están indicadas en estas notas. Su voz tenía un tono medio; frecuentemente tenía los ojos abiertos.)

Buenas noches.

(–Buenas noches, Seth.)

Bien. Volvamos a nuestro nuevo manuscrito. Como hemos mencionado a los animales, debo decir aquí que ellos poseen un tipo de consciencia que no les permite tantas libertades como la vuestra; pero, por otro lado, no se ven estorbados por ciertas características que a menudo dificultan a los humanos el ejercicio de todo el potencial práctico de su consciencia.

La consciencia es una manera de percibir las distintas dimensiones de la realidad. La consciencia que conocéis vosotros es muy especializada. Los sentidos físicos os permiten percibir el mundo tridimensional, pero al mismo tiempo, debido a su propia naturaleza, pueden inhibir la percepción de otras dimensiones igualmente válidas. Muchos de vosotros os identificáis con vuestro ser diario, físicamente orientado. Nunca se os ocurriría identificaros sólo con una parte de vuestro cuerpo y hacer caso omiso de todas las otras; sin embargo, es eso lo que hacéis (sonrisa) cuando creéis que vuestro ser egotista es el que lleva la carga de vuestra identidad.

Estoy diciendo que no sois una bolsa cósmica de carne y huesos que se mantiene unida a causa de la mezcla de ciertos elementos y agentes químicos. Estoy diciendo que vuestra consciencia no es un producto repentino formado por mero accidente debido a la interrelación de ciertos componentes químicos.

No sois un retoño abandonado de materia física, ni vuestra consciencia ha sido creada para desvanecerse como una bocanada de humo. Al contrario, formáis el cuerpo físico que conocéis a un nivel inconsciente muy profundo, haciendo uso de un gran discernimiento, una milagrosa claridad y un íntimo conocimiento inconsciente de cada mínima célula que lo compone. Y todo esto no lo digo en sentido simbólico.

Dado que vuestra mente consciente, tal como la conocéis, no está despierta a estas actividades, no lográis identificaros con esa otra porción interna de vuestro ser. Preferís identificaros con aquella otra parte vuestra que mira la televisión, trabaja o cocina: la parte que vosotros creéis que sabe lo que está haciendo. Pero esa porción vuestra, aparentemente inconsciente, es muchísimo más erudita, y la totalidad de vuestra existencia física depende de su buen funcionamiento.

Esa porción es consciente; sabe y está alerta. Sois vosotros los que estáis tan concentrados en la realidad física que no escucháis su voz, que no comprendéis que ella es esa gran fuerza psicológica de la que emana vuestro ser físicamente orientado.

Yo llamo «ego interno» a esa aparente inconsciencia, pues dirige las actividades internas. Correlaciona la información recibida, no a través de los sentidos físicos, sino a través de otros canales internos. Él es el perceptor interno de la realidad que existe más allá de la tridimensional, y lleva consigo el recuerdo de cada una de vuestras existencias pasadas. Puede ver las dimensiones subjetivas, que son prácticamente infinitas, y es de esas dimensiones subjetivas de donde fluyen todas las realidades objetivas. (Larga pausa.)

A través de esos canales internos se os da toda la información necesaria, y existe además toda una serie de increíbles actividades internas que suceden antes de que podáis tan siquiera mover un dedo, pestañear o leer una frase en esta página. Esa porción de vuestra identidad es bastante clarividente y telepática de forma innata; os avisa de los desastres antes de que ocurran, aunque no siempre aceptéis conscientemente el mensaje. Y toda esa comunicación tiene lugar en menos tiempo del que se tarda en emitir una sola palabra.

(Suavemente:) Puedo hacer pausas de vez en cuando para que descanséis.

(–No. Estoy bien.)

El «ego externo» y el ego interno trabajan juntos, uno para ayudaros a manejar el mundo que conocéis, el otro para traeros esas delicadas percepciones internas, sin las cuales no se podría mantener la existencia física.

Sin embargo, hay una parte vuestra –la identidad interna, que conforma los egos externo e interno– que tomó la decisión de que fueseis un ser físico en esta era y en este tiempo. Esa es la esencia de vuestra identidad, la semilla psíquica de la cual brotasteis, la personalidad multidimensional de la que formáis parte.

Para aquellos que se pregunten dónde coloco yo el subconsciente, según lo describen los psicólogos, diré que en cierta manera os lo podéis imaginar como un lugar de encuentro entre el ego interno y el externo. Recordad que no hay divisiones reales en el ser; aún así, hablamos de sus distintas partes para aclarar la idea básica.

Como nos dirigimos a individuos que se identifican con el «ser consciente normal», toco este tema en este primer capítulo, ya que usaré esos términos más adelante en el libro; y también porque quiero hacer constar lo antes posible el hecho de la personalidad multidimensional.

No podréis comprenderos a vosotros mismos ni aceptar mi existencia independiente, hasta que os desembaracéis del concepto de que la personalidad es un atributo de la consciencia «aquí y ahora». Muchos de los conceptos que expongo en este libro sobre la realidad física os pueden resultar sorprendentes, pero debéis tener en cuenta que yo la veo desde un punto de vista totalmente diferente.

(Jane hacía frecuentes pausas al hablar como Seth. Tenía los ojos cerrados a menudo.) Vosotros estáis ahora enfocados enteramente en esta realidad, preguntándoos quizá qué habrá fuera... si es que hay algo. Yo estoy fuera y he vuelto momentáneamente a una dimensión que conozco y que he amado. No obstante, hablando en vuestros términos, no resido en ella y, aunque tengo «pasaporte» psíquico, debo enfrentarme a ciertos problemas de traducción e inconvenientes en el acceso.

He oído decir que hay gente que ha vivido toda su vida en la ciudad de Nueva York y nunca ha visitado el edificio del Empire State, mientras que hay muchos extranjeros que lo conocen muy bien. Así, aunque tengáis una residencia física, yo os puedo hacer ver milagrosas estructuras psíquicas y psicológicas que existen dentro de vuestro sistema de realidad y que vosotros desconocéis.

Con toda franqueza, espero hacer mucho más que eso. Confío en poder llevaros por un recorrido a través de los niveles de realidad a los que tenéis acceso, y guiaros en un viaje a través de las dimensiones de vuestra propia estructura psicológica, para mostraros áreas enteras de vuestra consciencia de las que habéis permanecido relativamente bastante inconscientes. Por tanto, no sólo espero explicar los aspectos multidimensionales de la personalidad, sino también que cada lector pueda llegar a vislumbrar la enorme identidad a la que pertenece.

(Suavemente.) Podéis hacer un descanso.

(22.07. Jane salió del trance rápidamente y con facilidad. No tenía ni idea de si su ritmo había sido lento o rápido, ni del paso del tiempo. Dijo tener la impresión de que el material de Seth estaba muy concentrado y dirigido al lector, y que Seth estaba intentando hacernos llegar sus ideas lo más concisa y claramente posible.)

(Luego Jane añadió que había estado muy cansada antes de la sesión; la continuó en el mismo estado a las 22.29.)

El ser que vosotros conocéis no es más que un fragmento de vuestra identidad total. Sin embargo, todos los otros seres que la conforman no están enhebrados juntos como las cuentas de un collar. Se parece más a las capas de una cebolla, o quizá a los gajos de una naranja, todos conectados por una misma vitalidad y desarrollándose en distintas realidades aunque todos brotan de la misma fuente.

No pretendo comparar vuestra personalidad con una naranja o con una cebolla, pero quiero destacar que, al igual que ellas crecen de dentro a fuera, lo mismo hace cada fragmento del ser completo. Lo que vosotros observáis es el aspecto externo de un objeto. Vuestros sentidos físicos os permiten percibir su forma externa, a la cual reaccionáis, pero en cierta manera también vuestros sentidos físicos os fuerzan a percibir la realidad de esta manera, y la vitalidad interna de la materia y de la forma no son tan evidentes.

Os puedo decir, por ejemplo, que hay consciencia incluso en un caracol, pero pocos de mis lectores serán capaces de tomarme lo suficientemente en serio para pararse en mitad de esta frase e ir a decirle buenos días o buenas tardes al primer caracol que encuentren en un palo. No obstante, los átomos y moléculas que forman parte del caracol poseen su propio tipo de consciencia. Los átomos que conforman las páginas de este libro, son también conscientes a su nivel. No existe nada –ni roca, ni mineral, ni planta, animal o aire– que no posea la consciencia propia a su especie. Por consiguiente, estáis permanentemente en medio de una constante conmoción vital, en una Gestalt de energía consciente y, al mismo tiempo estáis compuestos físicamente de células conscientes que llevan dentro el conocimiento de su identidad propia y que cooperan "voluntariamente" en la formación de la estructura corporal que es vuestro cuerpo físico.

Quiero decir, por supuesto, que no existe nada a lo que pueda llamarse materia muerta. No existe un sólo objeto que no haya sido formado a través de la consciencia; y cada consciencia, sea cual sea su grado de evolución, es afortunada poseedora de la sensación y de la creatividad. No podréis entender lo que sois, a menos que comprendáis estos conceptos.

Sólo por conveniencia os cerráis a las múltiples comunicaciones internas que conectan la más mínima parte de vuestro cuerpo; pero, aún como criaturas físicas, sois hasta cierto punto porciones de otras consciencias. El ser no tiene límites: su potencial es ilimitado. (Pausa.) Sin embargo, vuestra ignorancia os lleva a adoptar limitaciones artificiales. Por ejemplo, podéis identificaros solamente con vuestro ego externo y así disociaros de las capacidades que os son inherentes. Podéis negarlas, pero no podéis cambiar el hecho de que existen. La realidad es multidimensional, aunque muchas personas escondan la cabeza, figurativamente hablando, en las arenas de la existencia tridimensional y crean que no existe nada más.

(En tono festivo:) Con este libro pretendo sacar algunas cabezas de la arena. Podéis terminar la sesión o hacer una pausa.

(–Haremos una pausa.– La pausa duró de 22.59 a 23.10.)

Bien. Pronto terminaremos el capítulo uno. Ya queda poco. (Divertido.) Esto no es para el libro.

No quiero subestimar el ego externo: sois vosotros los que lo habéis sobreestimado. Tampoco habéis reconocido su verdadera naturaleza.

Tenemos más que decir sobre este punto, pero esto es suficiente por ahora, para que os deis cuenta de que vuestro sentido de la continuidad y de la identidad no depende de vuestro ego.

Por ahora, en ciertos momentos usaré el término «camuflaje» referido al mundo físico con el que se relaciona el ego externo, ya que la forma física es uno de los camuflajes que adopta la realidad. El camuflaje es real, pero detrás de él hay una realidad mucho mayor: la vitalidad que le da forma. Vuestros sentidos físicos os permiten percibir ese camuflaje, pues están adaptados a él de una manera sumamente especializada. Pero para poder sentir la realidad que esconde la forma, se requiere una clase diferente de atención y ciertas manipulaciones más delicadas de las que permiten los sentidos físicos.

El ego es un dios celoso que quiere que sus intereses sean servidos. No quiere admitir la realidad de otras dimensiones, excepto aquellas en las que se siente cómodo y que es capaz de comprender. Su objetivo era constituir una ayuda, pero le habéis permitido convertirse en un tirano. A pesar de todo, es mucho más flexible y está más ansioso de aprender de lo que se supone normalmente. No es por naturaleza tan rígido como se cree, y su enorme curiosidad puede ser de gran ayuda.

Si tenéis una concepción limitada de la naturaleza de la realidad, el ego hará todo lo posible para manteneros en ese pequeño espacio cerrado de la realidad que aceptáis. Si, por el contrario, dejáis vuestra intuición e instintos creativos en libertad, ellos podrán comunicar cierto conocimiento de otras dimensiones mayores a esa porción de vuestra personalidad orientada físicamente.

(23.35. Esta sesión tuvo que interrumpirse porque Rooney, uno de nuestros gatos, quería salir a pasar la noche fuera. Seth se había portado bien. Jane salió rápidamente del trance. Cuando hube dejado el gato fuera, esperó durante unos minutos y luego decidió dar la sesión por terminada. No parece que el capítulo uno esté aún terminado.)


SESIÓN 513, 5 DE FEBRERO DE 1970
21.10 JUEVES

(Normalmente esta sesión la hubiésemos tenido ayer, pero Jane quería probar hacerla un jueves por variar. Antes de la sesión dijo: «Aún me vuelve el miedo a entrar en escena cuando pienso que es Seth el que escribe este libro; él sólito». Y, cuando comenzó la sesión, Seth inmediatamente retomó el trabajo de «su» libro.)

Buenas noches.

(–Buenas noches, Seth.)

Bien. Continuemos.

El objeto de este libro es probar que el ego no tiene todos los recursos de la personalidad para sí solo, porque no hay duda alguna de que este libro lo escribe otra personalidad, distinta de la de la escritora conocida como Jane Roberts. Teniendo en cuenta que Jane Roberts no tiene capacidad alguna que no sea inherente a la totalidad de la raza humana, debe al menos admitirse que la personalidad humana posee muchos más atributos que aquellos que se le atribuyen normalmente. Espero poder explicar lo que es esta capacidad, y señalar los caminos que cada individuo puede usar para poder liberar ese potencial.

La personalidad es una Gestalt (1) de percepciones eternamente cambiantes. Es la parte de la entidad que percibe. Yo no estoy inculcándole mis percepciones a la mujer a través de la que hablo, ni su consciencia desaparece durante nuestras comunicaciones. Lo que ocurre es que ella logra expandir su consciencia, proyectar su energía y dirigirla fuera de la realidad tridimensional.

Esta concentración "fuera" del sistema físico podría dar la impresión de que su consciencia ha desaparecido. Pero lo que ocurre realmente es que su consciencia aumenta. Desde mi propio campo de la realidad, yo enfoco mi atención hacia ella, pero las palabras que dice –las palabras escritas en estas páginas– no son verbales en sus comienzos.

En primer lugar, el lenguaje, tal como lo conocéis, es un acontecimiento muy lento: enhebrar letra a letra para poder conseguir una palabra, y las palabras entre sí para construir frases, que son el resultado de un esquema de pensamiento lineal. El lenguaje, como vosotros lo conocéis, es parcial y gramaticalmente el producto final de las secuencias de vuestro tiempo físico. Vosotros sólo podéis concentraros en cierto número de cosas a la vez, y la estructura de vuestro lenguaje no es apta para la comunicación de la intrincada experiencia simultánea.

Yo conozco una clase diferente de experiencia, no lineal, y puedo concentrarme en una infinita variedad de acontecimientos simultáneos, y reaccionar a ellos. Ruburt nunca podría expresarlos, por lo cual tenemos que reducirlos a la expresión lineal para poder comunicarlos. Esta capacidad de percibir eventos simultáneos ilimitados y reaccionar a ellos, es característica básica de todo ser completo o entidad, de modo que no lo reivindico como una hazaña exclusivamente mía.

Mis lectores están en el presente cómodamente instalados en la forma física, y presumo (con sentido del humor) que sólo conocen una pequeña parte de sí mismos, como dije antes. La entidad es la totalidad de la identidad de la cual su personalidad es una manifestación, una parte independiente y eternamente válida. Sin embargo, durante estas comunicaciones la consciencia de Ruburt se expande y es capaz de enfocarse en una dimensión distinta; una dimensión que está entre su realidad y la mía; un campo relativamente libre de distracción. Con su permiso y asentimiento imprimo en él ciertos conceptos, que no son neutros, pues todo conocimiento o información lleva la impronta de la personalidad que lo guarda o que lo comunica.

Ruburt hace que su conocimiento verbal esté disponible para nuestro uso, y de manera bastante automática los dos juntos producimos las diferentes palabras que luego se pronuncian. En ocasiones ocurren distracciones, y la información puede ser distorsionada; pero ahora ya estamos acostumbrados a trabajar juntos, y las distracciones son muy escasas.

También proyecto a Ruburt parte de mi energía, y su energía y la mía juntas activan su forma física durante nuestras sesiones (y ahora, mientras pronuncio estas frases). Asimismo existen muchas otras ramificaciones de las que hablaré más adelante.

Podéis descansar ahora.

(21.46 a 21.55.) Por consiguiente, no soy producto del subconsciente de Ruburt más de lo que él pueda serlo de "mi" mente subconsciente. Tampoco soy una personalidad secundaria que inteligentemente trata de socavar un ego precario. De hecho, me he ocupado de que todas las partes de la personalidad de Ruburt obtengan un beneficio, y de que se mantenga y respete su integridad.

Hay en su personalidad una facilidad única que hace posible nuestra comunicación. Trataré de decirlo de manera sencilla:

Hay en su psique una especie de urdimbre dimensional transparente que sirve casi como una ventana abierta a través de la cual se pueden percibir otras realidades, una abertura multidimensional que de alguna manera no ha resultado oscurecida por las sombras de la óptica física.

Los sentidos físicos os impiden normalmente ver esos canales abiertos, ya que sólo son capaces de percibir la realidad de acuerdo con su propia imagen. Hasta cierto punto, yo entro en vuestra realidad a través de esa especie de urdimbre psicológica que comunica con vuestro espacio y tiempo. Dicho de otra manera, ese canal abierto sirve muy bien como camino entre la personalidad de Ruburt y la mía, y hace posible la comunicación entre nosotros. Estas urdimbres psíquicas y psicológicas entre las distintas dimensiones de la existencia no son infrecuentes, aunque no sucede a menudo que se las reconozca, y menos aún que se las utilice.

(Otra de las muchas largas pausas. Aún así, el ritmo de Jane era más rápido y más seguro que en las dos primeras sesiones dedicadas al libro de Seth. También dijo que le gustaba todo lo que Seth había transmitido hasta el momento.)

Trataré de daros alguna idea de cómo es mi propia existencia no física, y ojalá ello sirva para recordaros que vuestra identidad física básica es tan poco física como la mía.

Este es el final del capítulo uno.

(–De acuerdo.)



(1) Gestalt: término aplicado a unidades organizadas de experiencia y de conducta. (N. de la. T.)

Extracto de LA ETERNA VALIDEZ DEL ALMA - HABLA SETH por JANE ROBERTS

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