El alma y la naturaleza de su percepción. III

Seth


21.03 MIÉRCOLES

Buenas noches.

(–Buenas noches, Seth.)

(Sonrisas.) Es la hora del escritor; así que continuaremos con el dictado.

El alma percibe todas las experiencias directamente. La mayoría de las experiencias de las que sois conscientes llegan en un envoltorio físico, y vosotros confundís el envoltorio con la experiencia, y no pensáis en buscar dentro de ella. El mundo que conocéis es una de las infinitas materializaciones de la consciencia, y sólo es válido como tal.

El alma, sin embargo, no necesita seguir las leyes y principios que son parte de la realidad física, y no depende de la percepción física. Las percepciones del alma son actos y acontecimientos mentales, que están, por así decirlo, bajo los acontecimientos físicos que vosotros conocéis. Las percepciones del alma no dependen del tiempo, pues el tiempo es un camuflaje físico y no se aplica a la realidad no física.

Resulta difícil explicaros de qué manera trabaja realmente la experiencia directa, pues es un campo total de percepción que no tiene en cuenta atributos físicos como el color, el tamaño y el peso, con los que se viste vuestra percepción física.

(21.19.) Las palabras se usan para contar una experiencia, pero evidentemente no son la experiencia que intentan describir. Sin embargo, vuestra experiencia física subjetiva está tan inmersa en las palabras pensadas, que os resulta casi imposible concebir una experiencia que no esté orientada hacia el pensamiento expresado en palabras.

Cada acontecimiento del que sois conscientes es de por sí la expresión de un acontecimiento interno, psíquico o mental, que el alma percibe directamente y que las partes físicamente orientadas del ser traducen a términos que tengan sentido físico.

Es evidente, entonces, que el alma no necesita el cuerpo físico para experimentar la percepción, que la percepción no depende de los sentidos físicos, que la experiencia continúa ya sea en esta vida o en otra, y que los métodos básicos de percepción del alma están operando también dentro de vosotros ahora, mientras leéis este libro. Es evidente, asimismo, que vuestra experiencia en el sistema físico depende de la forma y los sentidos físicos, puesto que ellos interpretan la realidad y la convierten en datos físicos. Por tanto, se pueden obtener algunas pistas de la experiencia directa del alma desconectando momentáneamente los sentidos físicos, o evitando usarlos como perceptores y recurriendo a otros métodos. Ahora hacéis esto hasta cierto punto en estado de sueño, aunque en muchos sueños tenéis tendencia a traducir la experiencia a términos físicos como si fueran alucinaciones. La mayoría de los sueños que recordáis son de esa naturaleza.

En ciertas profundidades del sueño, sin embargo, la percepción del alma opera relativamente sin estorbos. En ellos bebéis, por así decirlo, directamente del pozo puro de la percepción. Os comunicáis con las profundidades de vuestro ser y con la fuente de vuestra creatividad. Como estas experiencias no se traducen físicamente, no permanecen por la mañana, no las recordáis como sueños. No obstante, más tarde, esa misma noche, pueden formarse sueños a partir de la información conseguida durante lo que llamaré «la experiencia profunda». Esos sueños no serán una traducción exacta de la experiencia, sino algo así como una parábola onírica (algo completamente diferente, como veis).

(21.35.) Ese nivel particular de consciencia que ocurre en estado de sueño no ha sido aún descubierto por vuestros científicos. En su transcurso se genera la energía que hace posible el estado de sueño. Es verdad que los sueños permiten al ser físicamente orientado asimilar la experiencia del momento, pero también es verdad que luego la experiencia vuelve a sus componentes iniciales; se rompe en mil pedazos, por así decirlo. Algunas partes de ella se retienen como datos de sensaciones físicas del «pasado», pero la totalidad de la experiencia retorna a su estado directo inicial.

Luego existe «eternamente», desprovista del ropaje físico que necesitáis para poder entenderla. La existencia física es uno de los caminos que escoge el alma para experimentar su propia realidad. El alma, en otras palabras, ha creado un mundo para que vosotros lo habitéis y lo cambiéis: una esfera completa de actividad en la que pueden emerger nuevos desarrollos y, por supuesto, nuevas formas de consciencia.

Dicho de otra manera, vosotros creáis continuamente vuestra alma al igual que ella os crea continuamente a vosotros.

Podéis tomaros un descanso.

(21.43. En ciertos momentos Jane se aproximaba a la velocidad de la última sesión. Continuamos más lentamente a las 22.05.)

El alma no puede disminuir nunca, y tampoco puede hacerlo esencialmente ninguna parte del ser.

El alma puede ser considerada como un campo de energía electromagnética, del cual formáis parte. Cuando se la considera bajo esa luz, es un campo de acción concentrada, una «central de energía» de probabilidades o de acciones probables que buscan la expresión, un grupo de consciencias físicas que no obstante se conoce a sí mismo como identidad. Miradlo de esta manera: la joven mujer a través de la que hablo lo explicó en un poema, y lo cito: «Estos átomos hablan, y se llaman a sí mismos por mi nombre.»

Vuestro cuerpo físico es un campo de energía con una cierta forma; sin embargo, cuando alguien os pregunta por vuestro nombre, vuestros labios lo pronuncian, aunque ese nombre no pertenece a los átomos y moléculas de los labios que pronuncian las sílabas. El nombre sólo tiene significado para vosotros. No podéis tocar con el dedo vuestra propia identidad en algún lugar de vuestro cuerpo. Si pudierais viajar dentro de éste, no podrías encontrar el lugar donde reside la identidad; pero a pesar de ello decís: «Éste es mi cuerpo» y «Éste es mi nombre».

(22.14.) Si no os podéis encontrar dentro de vuestro cuerpo, entonces ¿dónde está esa identidad vuestra que dice que tiene órganos y células propios? Evidentemente vuestra identidad tiene alguna conexión con vuestro cuerpo, ya que no tenéis problemas al distinguir vuestro cuerpo de otro, y ciertamente no tenéis problemas para distinguir entre vuestro cuerpo y una silla, digamos, en la que os podéis sentar.

De una manera más amplia, la identidad del alma puede ser contemplada desde el mismo punto de vista. Conoce quién es, y está más segura de su identidad, evidentemente, de lo que vuestro ser físico lo está de la suya. Y, sin embargo, ¿dónde puede encontrarse en el campo de energía electromagnética la identidad del alma como tal?

Ella genera todas las otras partes del ser, y os da la identidad que os es propia. Y cuando se le pregunta «¿Quién eres?», ella responderá sencillamente: «Yo soy yo», y también contestará por vosotros.

(Pausa a las 22.20.) Desde el punto de vista de la psicología, tal y como la entendéis vosotros, el alma se podría considerar como la principal identidad, que es en sí misma una Gestalt de otras muchas consciencias individuales: un ser ilimitado capaz de expresarse a sí mismo de muchas maneras y formas; y aún así capaz de mantener su propia identidad, su propia condición de «yo soy», a pesar de darse cuenta de que su condición de «yo soy» puede ser parte de otra condición de «yo soy». Estoy seguro de que esto puede parecerles inconcebible, pero el hecho es que esa condición de «yo soy» se conserva aunque, figurativamente hablando, pueda fusionarse con otros campos de energía y desplazarse a través de ellos. En otras palabras, existe un toma y daca entre almas o entidades, y no hay límite a las posibilidades, tanto de desarrollo como de expansión. Y, repito, el alma no es un sistema cerrado.

Pero vuestra existencia presente está tan enfocada en un área estrecha, que ponéis unos límites estrictos a vuestras definiciones y a vuestro ser, y luego los proyectáis sobre vuestros conceptos del alma. Os preocupáis por vuestra identidad física y limitáis el alcance de vuestra percepción, temerosos de que, si controláis más, no conservaréis vuestra autenticidad.

El alma no tiene miedo a su identidad: está segura de sí misma y está siempre buscando. No teme sentirse abrumada por la experiencia o la percepción. Si tuvierais una comprensión más profunda de la naturaleza de la identidad no tendríais, por ejemplo, miedo a la telepatía, ya que tras este miedo está la preocupación de que vuestra identidad sea borrada por las sugerencias o pensamientos de otros.

No existe un sistema psicológico cerrado, y ninguna consciencia está cerrada, a pesar de las apariencias contrarias que existen en vuestro sistema. El alma es viajera, como ya se ha dicho tan a menudo; pero también es creadora de toda la experiencia y de todos los destinos. Crea el mundo tal y como va, por decirlo así.

Bien. Ésa es la verdadera naturaleza del ser psicológico del que formáis parte. Como ya he mencionado, más adelante en este libro os daré algunas sugerencias prácticas que os permitirán reconocer algunas de vuestras capacidades más profundas, y utilizarlas para vuestro propio desarrollo, placer y educación.

La consciencia no está esencialmente construida sobre esos preceptos del bien y el mal que tan a menudo os preocupan. Por deducción, tampoco lo está el alma. Esto no quiere decir que en vuestro sistema, y en algunos otros, no existan estos problemas, ni que lo bueno no sea preferible a lo malo. Sencillamente quiere decir que el alma conoce que el bien y el mal no son más que manifestaciones diferentes de una realidad aún mayor.

Podéis tomaros un descanso ahora.

(De 22.37 a 22.44.)

Bien. Quiero resaltar de nuevo que, pese a que todo esto parece difícil cuando se dice, resultará más claro intuitivamente cuando aprendáis a experimentar lo que sois (aunque no podáis viajar al interior de vuestro cuerpo físico para buscar vuestra identidad, sí podéis hacerlo a través de vuestro ser psicológico).

Hay muchas más maravillas que percibir a través de esta exploración interna de lo que nunca podríais imaginar hasta que comencéis ese viaje por vosotros mismos. Vosotros sois un alma, una manifestación particular de un alma, y es un auténtico disparate pensar que debéis permanecer ignorantes de la naturaleza de vuestro propio ser. Puede que no seáis capaces de expresar vuestro conocimiento en palabras, pero ello no negará en manera alguna el valor o la validez de la experiencia que haréis vuestra una vez que comencéis a mirar en vuestro interior.

Podéis llamar a esto exploración espiritual, o psíquica, o psicológica, como prefiráis. No vais a intentar buscar vuestra alma; por lo que a eso respecta, no hay nada que encontrar. No está perdida, y vosotros no estáis perdidos. Las palabras que uséis no harán diferencia alguna, pero vuestro intento si lo hará.

Fin del dictado. Y ahora dadnos un momento, por favor.

(Pausa a las 22.51. Como en la última sesión, Seth cerró el trabajo de esa noche transmitiéndonos una página de material personal para Jane y para mí. Acabamos a las 23.01.)

(Jane no había leído el libro de Seth en los últimos días. Después de oír mi descripción de esta sesión, sin embargo, me pidió una copia de un par de páginas después de mecanografiadas. Quería leerlas en su clase de percepción extrasensorial.)



SESIÓN 528, 13 DE MAYO DE 1970
Extracto de LA ETERNA VALIDEZ DEL ALMA - HABLA SETH por JANE ROBERTS

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