Empieza por ti mismo.

Cristo


2. “¿Cómo ves la paja en el ojo de tu hermano y no te percatas de la viga en el tuyo? O ¿cómo osas decir a tu hermano: quiero quitar la paja de tu ojo?; y he aquí que hay una viga en tu ojo. Hipócrita, quita primero la viga de tu propio ojo, y sólo entonces verás con claridad, para poder quitar la paja del ojo de tu hermano. (Cap. 27, 2)


Cristo explica, rectifica y profundiza la palabra:

Sólo habla constantemente sobre la paja en el ojo de su prójimo el hombre que no se percata de la viga en el propio ojo. Sólo se empeña en querer sacar la paja del ojo de su hermano el que no conoce su propia forma de pensar y vivir. Quien no se conoce ni conoce su viga —los pecados en el alma, que se reflejan en sus propios ojos—, no tiene ojos para la verdad. Su vista está nublada por el pecado. Ve entonces en el prójimo sólo lo que también él mismo es aún: un pecador. Sólo quien transforma la viga que hay en su propio ojo, ve cada vez más claro. Entonces podrá ver cada vez más claramente la paja en el ojo de su hermano y —obrando conforme a la ley del amor al prójimo— serle de ayuda para eliminarla.

Por tanto, quien habla negativamente de sus semejantes, los desvaloriza y habla mal de ellos, no conoce sus propias faltas.

¡Por sus frutos los reconoceréis! Cada cual muestra quién es —es decir, sus frutos—. Quien se irrita a causa de sus semejantes y se burla de ellos, está mostrando quién es realmente.

Quien primero se desprenda de su propia falta, también será capaz de ayudar a su prójimo. Por eso, es un hipócrita todo el que habla despreciativamente de las faltas de su hermano —sin notar la viga en su propio ojo.


El Sermón de la Montaña
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