El cuerpo astral. 3 de 3

Annie Besant


Dejando a un lado ahora el estudio de las funciones y posibilidades del cuerpo astral, pasemos a considerar ciertos fenómenos relacionados con él. Puede mostrarse a otras personas aparte del cuerpo físico, ya sea durante la vida terrestre o después de ésta. Una persona que tenga dominio completo sobre el cuerpo astral, puede dejar el físico en cualquier momento, y visitar a un amigo que se halle distante. Si la persona a quien visita es clarividente, esto es, si ha desarrollado la visión astral, verá el cuerpo astral de su amigo; de lo contrario, el visitante puede condensar ligeramente su vehículo, atrayendo de la atmósfera que lo rodea partículas de materia física, "materializándose" así lo suficiente para hacerse visible a la mirada física. Esta es la explicación de muchas apariciones de amigos, fenómenos que es mucho más común de lo que la gente se imagina, pues la gente tímida a quien sucede, suele callarlo, temerosa de que se rían de ella por supersticiosa.

Afortunadamente este temor va disminuyendo, y si la gente tan sólo tuviese el valor y el buen sentido de decir lo que sabe que es verdad, pronto tendríamos gran cantidad de pruebas de la aparición de personas cuyos cuerpos físicos se encuentran muy lejos de los sitios donde sus cuerpos astrales se han manifestado. Estos cuerpos, en ciertas circunstancias, pueden ser vistos por los que normalmente no poseen la vista astral, sin necesidad de la materialización. Si el sistema nervioso de una persona se halla muy excitado. y el cuerpo físico extenuado de modo que el pulso lata más débilmente que de ordinario, la actividad nerviosa, que tanto depende del doble etéreo, puede ser anormal mente estimulada, y en estas condiciones el hombre llega a ser temporalmente vidente.

Por ejemplo: una madre que sabe que su hijo está gravemente enfermo en país extranjero, y se halle atormentada por la ansiedad, puede, de este modo, ser susceptible a las vibraciones astrales, especialmente en las horas de la noche, cuando la vitalidad está en su punto más bajo; en estas condiciones, si su hijo está pensando en ella. y su cuerpo físico se halla inconsciente de modo que le permita visitarla astral mente, es muy probable que ella pueda verlo. Más a menudo tiene lugar semejantes visitas cuando la persona acaba de fallecer y de abandonar el cuerpo físico. Estas apariciones no son muy raras, especialmente cuando el moribundo tiene gran. deseo de ver a una persona a quien quiera en extremo, o cuando ansía comunicar alguna cosa especial y ha fallecido sin poderlo verificar.

Si seguimos al cuerpo astral después de la muerte, cuando se ha abandonado el doble etéreo así como el cuerpo denso, observaremos un cambio en su apariencia. Durante su conexión con el cuerpo físico, los subestados de la materia astral se hallan mezclados entre sí, compenetrándose y confundiéndose las clases más densas y las más rarificadas. Pero después de la muerte tiene lugar una nueva disposición, y las partículas de los diferentes subestados se separan unas de otras, y, por decirlo así, se agrupan por el orden de sus respectivas densidades, asumiendo de este modo el cuerpo astral una constitución por capas, o convirtiéndose en una serie de células concéntricas, de las cuales las más densas están por fuera. En este punto se manifiesta de nuevo la importancia que tiene la purificación del cuerpo astral durante la vida en la tierra; pues vemos que después de la muerte, no ha de colocarse a voluntad en cualquier nivel. del plano astral.

Este mundo tiene siete subplanos, y el hombre se encuentra limitado a aquel subplano a que pertenece la capa externa; cuando esta primera envoltura se desintegra, pasa al subplano próximo, y así sucesivamente. Un hombre de tendencias muy bajas y animales, tendrá en su cuerpo astral mucha parte de la clase más densa y grosera de materia astral; y esto lo mantendrá sujeto al nivel más bajo de Kamaloka; hasta que esta envoltura se desintegre en gran parte, el hombre permanece prisionero en esta sección del mundo astral, y sufre las molestias de una localidad de las menos apetecibles.

Cuando esta capa más externa está lo suficientemente desintegrada para permitir la salida, el hombre pasa al nivel próximo del mundo astral, o mejor dicho, puede ponerse en contacto con las vibraciones del subplano siguiente de materia astral, por lo que le parece que se encuentra en una región diferente; allí permanece hasta que la capa del sexto subplano se disipa y le permite pasar al quinto; correspondiente la duración de su permanencia en cada subplano a la fuerza de aquellas partes de su naturaleza representadas en el cuerpo astral por la cantidad de materia perteneciente a aquel plano. Así, pues, mientras mayor sea la cantidad de materia de los subestados más groseros, más tiempo permanece en los niveles inferiores de Kamaloka; y mientras con más prontitud pueda desprenderse de tales elementos, más breve será el tiempo que haya de pasar en este mundo.

Aun cuando los materiales más groseros no estén eliminados por completo, pues para su completa extinción es necesario un procedimiento largo y difícil, la conciencia puede estar, durante la vida terrestre, tan apartada de las pasiones inferiores, que la materia por la cual pueden éstas manifestarse cesa de funcionar activamente como vehículo de conciencia, y, por decirlo así, se atrofia. En este caso, aunque el hombre puede ser detenido algún tiempo en los niveles inferiores, dormirá apaciblemente en ellos, sin experimentar las sensaciones desagradables que les son peculiares. Con su conciencia había cesado de buscar expresión por medio de estas clases de materia, ya no puede ponerse en contacto por su medio con el plano astral.

El paso por Kamaloka de uno que ha purificado su cuerpo astral, de modo que sólo ha retenido en él los elementos más puros y sutiles de cada subplano, aquellos que sólo un grado más pasarían inmediatamente a la materia del subplano superior siguiente, es verdaderamente veloz. Hay un punto entre cada dos subestados de materia, conocido como el punto o estado crítico; el hielo puede llevarse a un punto donde el aumento más insignificante de calor, puede convertirlo en líquido; el agua puede elevarse a un estado donde el menor calor puede cambiarla en vapor. Del mismo modo, cada subestado de materia astral puede llevarse a un punto en donde cualquier refinamiento mayor puede transformarla en el subestado próximo. Si esto ha sido hecho en cada subestado de materia del cuerpo astral, si ha sido purificado éste hasta el último grado posible de delicadeza, entonces su paso por Kamaloka será de rapidez inconcebible, y el hombre pasará a través de él como un relámpago, sin tropiezos en su cambio a regiones superiores.

Queda por tratar otro asunto relacionado con la purificación del cuerpo astral, mediante un procedimiento físico y mental; tal es el efecto de esta purificación en el nuevo cuerpo astral que a su debido tiempo ha de formarse para la próxima encarnación. Cuando el hombre pasa del Kamaloka al Devachán, no puede llevar allí formas de pensamiento del mal género; la materia astral no puede existir en el nivel devachánico, ni la materia devachánica puede responder a las vibraciones groseras de las malas pasiones y deseos. Por tanto, todo lo que el hombre puede llevar consigo cuando se desprende de los restos del cuerpo astral, son los gérmenes latentes o las tendencias, las cuales, cuando pueden encontrar expresión apropiada, se manifiestan como pensamientos y pasiones malas en el mundo astral. Lleva aquellos gérmenes o tendencias latentes a la vida devachánica, y cuando vuelve a la reencarnación les trae consigo y las exterioriza.

Entonces atraen a sí del mundo astral, por una especie de afinidad magnética, los materiales propios para su manifestación, y se revisten de la materia astral en armonía con su propia naturaleza, formando así parte del cuerpo astral del hombre para la encarnación inmediata. Así, pues, no sólo estamos ahora viviendo en un cuerpo astral, sino que estamos modelando el tipo del que tendremos en otro nacimiento; razón de más para purificar el cuerpo astral presente tanto como sea posible, poniendo en práctica nuestros conocimientos actuales para asegurar nuestro progreso futuro.

Todas nuestras vías están enlazadas y ninguna puede separarse de las que la han precedido ni de las que están por venir. A la verdad, sólo tenemos una vida de la que lo que llamamos vidas sólo son realmente los momentos. Nunca empezamos una vida con una hoja en blanco, sobre la cual se ha de escribir una historia completamente nueva; no hacemos más que principiar un nuevo capítulo para desarrollar el plano antiguo. No podemos desprendemos de las responsabilidades kármicas de una vida precedente pasando por la muerte, así como no podemos desembarazarnos de las deudas pecuniarias en que incurrimos un día por el sueño de una noche; si contraemos hoy una deuda, no estamos libres de ella mañana, sino que la reclamación se presenta hasta que se haya pagado. La vida del hombre es continua, sin interrupción; las vidas terrestres están enlazadas y no aisladas. Los procesos de purificación y de desarrollo son también continuos y tienen que desenvolverse por medio de vidas terrestres Sucesivas.

A cada cual le llega á su vez el momento de principiar la obra de su regeneración, el momento de sentirse cansado de las sensaciones de la naturaleza inferior, de estar Sujeto a lo animal, de estar sometido a la tiranía de los sentidos; y entonces el hombre se decidirá a romper los lazos de su cautiverio. ¿Por qué hemos de prolongar más este cautiverio, cuando está en nuestra mano el destruirlo en todo momento? Tenemos derecho para escoger; nuestra voluntad es libre, y dado que todos hemos de encontramos un día en el mundo Superior, ¿por qué no hemos de principiar desde luego a romper nuestras cadenas y a reclamar nuestra herencia divina? El principio de la destrucción de nuestras ligaduras, de la obtención de la libertad, es cuando un hombre se determina a que su naturaleza inferior sea servidora de la Superior, a empezar aquí en el plano de la conciencia física la construcción de los cuerpos superiores, tratando de comprender aquellas elevadas Posibilidades que son suyas por derecho divino, y que sólo están oscurecidas por el animal en que vive.



Extracto de EL HOMBRE Y SUS CUERPOS
ANNIE BESANT

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